Esto no es cuestión de partidos políticos. Hablo como una ciudadana cansada, indignada y preocupada, porque parece que en nuestro propio país el extranjero tiene más derechos que un dominicano. Estamos de manos atadas.
Ahora entiendo por qué en República Dominicana pasan tantas cosas irulares y casi nadie habla, nadie protesta y nadie enfrenta el desastre que estamos viviendo. Muchos de los que antes quemaban gomas, tiraban piedras y se vendían como “la voz del pueblo”, aquellos de la llamada “Marcha Verde”, hoy están cómodamente sentados en el gobierno, cobrando un cheque, disfrutando de una botella y defendiendo lo mismo que antes criticaban.
Ahí murió gran parte de la lucha. Ahí se cayó el discurso de muchos supuestos “defensores del pueblo”. Porque cuando el interés personal pesa más que la dignidad de una nación, el país entero se hunde.
República Dominicana va en decadencia. Y lo más triste es que ya casi no quedan dolientes. Un Congreso arrodillado, jueces y fiscales cuestionados, funcionarios figureando mientras el pueblo se cae a pedazos, una prensa silenciada y cuerpos castrenses que muchas veces callan porque también están comprometidos con el sistema.
Aquí, a todo el que denuncia lo mal hecho, lo quieren callar, ridiculizar o etiquetar políticamente. Pero defender tu país no debería tener color político. Defender lo correcto debería ser una obligación moral de todo ciudadano consciente.
El pueblo dominicano está huérfano. Huérfano de justicia, de líderes con valor, de funcionarios con vergüenza y de personas dispuestas a defender el bienestar colectivo sin venderse al mejor postor.
Y mientras muchos siguen entretenidos en las redes, defendiendo políticos como una fanaticada ciega, el país se nos derrumba en la cara.

