Por Esmirna Gómez.-
La parroquia San Vicente de Paúl celebró la tarde de este domingo una solemne Eucaristía con motivo del 401 aniversario de la Congregación de la Misión, fundada por San Vicente de Paúl, en un ambiente de fe, gratitud y compromiso misionero.
La celebración eucarística fue presidida y concelebrada por el padre Dumy Delisca, C.M., quien conmemoró además su primer año de ordenación sacerdotal. Le acompañaron el párroco padre Jocelyn Antoine, C.M., así como los padres Gregorio Alegría Almendaris, C.M., Encarnación Miguel, C.M., y Samuel Renald, C.M.
Durante la homilía, el padre Gregorio Alegría Almendaris, C.M., destacó el profundo significado de esta celebración, recordando que San Vicente de Paúl siempre consideró la Conversión de San Pablo como el inicio de la “pequeña compañía”, hoy conocida como la Congregación de la Misión. Señaló que, aunque el pasado año se celebraron los 400 años con actividades a nivel nacional, esta fecha sigue teniendo un valor especial dentro del carisma vicentino.

El sacerdote subrayó que esta conmemoración invita a renovar el espíritu vicentino, recordando que todos los presentes son vicentinos de corazón y de espíritu, llamados a vivir el Evangelio desde el servicio a los pobres, la evangelización y la sanación de las heridas humanas, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.
Asimismo, hizo referencia al Octavario por la Unidad de los Cristianos, resaltando que la unidad de la Iglesia es un signo de credibilidad y presencia de Dios en medio de su pueblo, tal como lo enseña el Evangelio.
Al reflexionar sobre la vida de San Vicente de Paúl, el padre Alegría recordó que, aunque inició su sacerdocio con aspiraciones personales, fue profundamente transformado por la acción de Dios, cambiando el camino del beneficio propio por el servicio a los más necesitados. Desde la observación de la realidad y las múltiples necesidades de los pobres del campo, San Vicente respondió con acción concreta, dando origen a una obra que él mismo reconocía como obra de la Providencia.

Finalmente, exhortó a los fieles a vivir la misión aquí y ahora, desde la realidad donde han sido sembrados, practicando las virtudes que caracterizan al misionero vicentino, especialmente la humildad, la mortificación y el celo por las almas, recordando que la fe debe expresarse no solo en palabras, sino también en obras.
La celebración concluyó con un llamado a seguir a Jesucristo como modelo y centro de la misión, confiando siempre en la intercesión de la Virgen María.

