Por Esmirna Gómez.-
Santo Domingo Este.-La noche del Jueves Santo reunió a decenas de fieles en la Parroquia San Vicente de Paúl, donde se vivió una de las celebraciones más profundas y simbólicas de la Semana Santa: la Eucaristía del Lavatorio de los Pies, marcada por la reflexión, la fe y el compromiso cristiano.
La celebración estuvo presidida por el párroco, P. Jocelyn Antoine, CM quien realizó el tradicional lavatorio de los pies a doce personas, representando a los apóstoles. Este gesto, cargado de simbolismo, invita a la comunidad a vivir el amor desde la entrega y la sencillez.
Durante su homilía, el sacerdote centró su mensaje en el valor de la caridad, la unidad, recordando que “donde hay amor y caridad, allí está el Señor ”. Motivó a los fieles a reflexionar sobre el camino recorrido durante la Cuaresma, destacando que este tiempo ha sido una preparación espiritual para vivir plenamente el misterio pascual.

El padre Antoine , explicó que esta celebración no es solo un recuerdo del pasado, sino una vivencia actual del amor de Cristo que se hace presente en la Eucaristía. “No estamos simplemente recordando un acontecimiento, sino entrando con fe viva en el momento en que el amor de Cristo se hace entrega total”, expresó.
Así mismo, resaltó que en la Última Cena Jesús instituyó la Eucaristía y el sacerdocio como un servicio, no como un privilegio, llamando a los sacerdotes a ser instrumentos humildes al servicio del pueblo de Dios.
Al final de la Eucaristía, el Sacerdote realizó una procesión dentro del templo para colocar en el monumento el Santísimo Sacramento, es decir, las hostias consagradas, depositadas en el altar de reserva dentro de un sagrario, urna o arqueta. Este espacio fue adornado solemnemente con flores, colgaduras , numerosas velas, propiciando un ambiente de adoración para los fieles durante el Jueves y Viernes Santo.
Uno de los momentos más impactantes de la noche fue la reflexión sobre el gesto del lavatorio de los pies, donde el sacerdote enfatizó que “el maestro se hace servidor”, recordando que no puede haber verdadero cristianismo sin humildad, entrega , amor concreto hacia los demás.

El párroco también invitó a los presentes a llevar este mensaje a la vida diaria, viviendo una fe auténtica basada en el servicio desinteresado, el amor sin medida y la entrega incluso en medio de las dificultades.
La celebración concluyó con un llamado a que cada creyente haga de su vida una “Eucaristía vivida”, siendo testimonio constante de amor, humildad y servicio, reconociendo a Cristo tanto en el pan consagrado como en el rostro de los hermanos.
La comunidad parroquial participó con fervor, en un ambiente de recogimiento que marcó el inicio de los días más solemnes de la Semana Santa.

