Por Esmirna Gómez.-
Santo Domingo Este.-En un ambiente cargado de gozo, fe y esperanza, la parroquia San Vicente de Paúl celebró la noche de este Sábado Santo la solemne Vigilia Pascual 2026, considerada una de las celebraciones más importantes de la vida cristiana, en la que se conmemora la resurrección de Jesucristo.
La celebración inició con la bendición del fuego, presidida por el párroco, el padre Jocelyn Antoine, CM, quien encendió el cirio pascual, símbolo de la luz de Cristo que ilumina al mundo y disipa toda oscuridad. Este significativo rito marcó el comienzo de una noche llena de signos y profundo sentido espiritual.
Durante la Eucaristía, varios fieles recibieron los sacramentos del bautismo y la primera comunión, en un momento de especial emoción para la comunidad, que acompañó con alegría a los nuevos miembros que se integran plenamente a la vida de la Iglesia.

En su homilía, el padre Jocelyn Antoine destacó con fuerza el mensaje central de la Pascua: la victoria de la vida sobre la muerte. “Esta es la noche en que todo cambia, la noche en que la oscuridad pierde su dominio y Dios confirma que la muerte no tiene la última palabra”, proclamó.
El sacerdote insistió en que la resurrección de Cristo no es solo un hecho del pasado, sino una realidad viva que transforma la existencia de cada creyente. Subrayó que Cristo ha vencido todo aquello que en el ser humano representa derrota: el pecado, el miedo, la tristeza y el vacío, abriendo así la posibilidad de comenzar de nuevo.

Asimismo, llamó a los fieles a vivir una fe auténtica y comprometida, recordando que ser cristiano no es solo seguir una doctrina, sino participar de una vida nueva en Cristo resucitado, permitiendo que esa experiencia transforme las relaciones, el modo de amar, perdonar y vivir en comunidad.
El padre Antoine también invitó a la reflexión personal, cuestionando a los presentes sobre su propia fe: “¿De verdad creo que Dios puede dar vida donde solo veo ruina?”. En ese sentido, animó a abrir el corazón a Cristo y dejar que entre en las “tumbas” personales, como el rencor, el odio o el individualismo, para transformarlas en vida nueva.
“La resurrección es la certeza de que el amor es más fuerte que el pecado y que la gracia es más grande que nuestra fragilidad”, afirmó, al tiempo que exhortó a no vivir anclados en el pasado, sino en la esperanza que brota de Cristo vivo.
La celebración concluyó en medio de cantos de júbilo y la proclamación repetida por la asamblea: “¡Cristo vive, aleluya!”, dejando en los presentes un mensaje claro y renovador: si Cristo vive, también cada persona puede vivir plenamente y comenzar de nuevo.

