Por: Esmirna Gómez.-
Con un llamado firme a la conversión y a redescubrir el verdadero sentido del bautizado, la parroquia La Milagrosa celebró su retiro cuaresmal en Santuario Virgen de la Altagracia, en Hato Mayor, centrando su mensaje en la sinodalidad como camino real hacia la santidad.
La jornada inició con una impactante reflexión de Sor Isaura Martínez, de las Hijas de la Caridad, quien abordó el tema “Bautismo y sinodalidad: camino a la santidad”, dejando claro que el bautismo no es un simple rito recibido en la infancia, sino una gracia viva que exige coherencia, compromiso y transformación diaria en la vida cristiana.
“La salvación no es individualista; se vive en comunidad”, enfatizó la religiosa, al explicar que la sinodalidad implica caminar juntos como Iglesia, sosteniéndose unos a otros en la fe, como hermanos. En ese sentido, advirtió que muchos cristianos han reducido el bautismo a un recuerdo, sin asumir la responsabilidad que conlleva vivir como verdaderos hijos de Dios.

Durante su intervención, insistió en que el bautizado está llamado a reflejar a Cristo en su vida cotidiana, practicando el amor, la misericordia y la acción concreta ante el dolor humano. “No basta sentir compasión, hay que actuar”, sostuvo, al tiempo que criticó la indiferencia ante los más necesitados.
Sor Isaura también alertó sobre la confusión moral del mundo actual, donde se diluye la verdad, exhortando a los fieles a formarse en la fe, conocer la Palabra de Dios , tener criterios firmes. Subrayó que la comunidad cristiana debe vivir en unidad, con un solo corazón, dejando atrás la pasividad, asumiendo un rol activo dentro de la Iglesia.
“La Iglesia no es para espectadores, es para discípulos comprometidos”, afirmó, invitando a cada bautizado a dejar las excusas convertirse en misioneros en su familia, su barrio, lugar de trabajo en la sociedad.
Durante la Eucaristía presidida por el padre Alejandro Paulino Peralta,C.M., durante su homilía señaló que el pecado sigue siendo la raíz de la división, el dolor y la muerte en el mundo. “El pecado lo daña todo, afirmando que la gracia de Dios no cae del cielo , hay que buscarla, trabajarla y vivirla”, expresó.
El sacerdote hizo un fuerte llamado a aprovechar la Cuaresma como tiempo decisivo de cambio, invitando a los fieles a levantarse de sus caídas y salir de todo aquello que los mantiene atados. Inspirado en el pasaje de la resurrección de Lázaro, insistió en que Cristo sigue diciendo hoy: “Levántate y sal”, no para permanecer en lo mismo, sino para vivir en la libertad que solo Dios puede dar.

Tras la misa, el rector del santuario, padre Osvaldo Henríquez, compartió con los presentes la historia y significado del lugar, donde se ilustrada por medio de fotografía que adornaban el Santuario, fortaleciendo la identidad espiritual del encuentro. Luego, los peregrinos compartieron un almuerzo fraterno, signo visible de la comunión vivida durante el retiro.
En las primeras horas de la tarde se realizó el Rosario de la Divina Misericordia, dirigido por hermanas de la Medalla Milagrosa, preparando el ambiente para una segunda reflexión, a cargo de la Lic. Lourdes Gómez, quien reforzó el mensaje central del día, enfatizando que el bautismo debe vivirse, no solo recordarse.
“La gracia que recibimos en el bautismo no se refleja en nuestra vida diaria”, afirmó con contundencia, cuestionando la incoherencia de muchos creyentes que dicen creer en Dios, pero no viven según su voluntad.
Gómez subrayó que la Cuaresma no puede reducirse a prácticas externas, sino que debe ser un verdadero proceso de conversión. Invitó a los fieles a examinar su vida, abandonar el pecado, practicar la obediencia y vivir las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad.
Además, insistió en que la santidad no es un camino solitario: “Se vive en comunidad, en sinodalidad, dando testimonio para otros”. También advirtió sobre las distracciones del mundo que alejan a las personas de Dios, recordando que la fe exige prioridad, entrega y decisión.
El retiro concluyó con palabras de agradecimiento del padre Alejandro Paulino Peralta, la acogida recibida de parte del rector del lugar e impartió la bendición final.
La experiencia dejó un mensaje claro y contundente, del compromiso del bautizado, su misión, en el camino, de la Sinodalidad, la santidad, como meta que se debe construir cada día, en comunidad, con fe viva y compromiso real.

