Por Esmirna Gómez.-
¡Qué admirable resulta contemplar una vida entregada durante 42 años al servicio de Dios, de la cultura y del crecimiento espiritual de un pueblo! Al celebrar este nuevo aniversario sacerdotal del padre Tulio Cordero, siento una profunda admiración por la trayectoria de un hombre cuya vocación ha trascendido los límites del altar para convertirse en una referencia intelectual, artística y humana de la República Dominicana.
Nacido en San Juan de la Maguana y miembro de la Congregación de los Padres Paúles, el padre Tulio Cordero ha dedicado gran parte de su existencia a la formación espiritual, al estudio y a la promoción de los valores culturales que enriquecen la identidad dominicana. Su figura inspira respeto por la profundidad de sus conocimientos y por la sencillez con que comparte su sabiduría.
Su sólida formación académica es reflejo de una permanente búsqueda de la verdad. Es licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y en Teología de la Espiritualidad por el Teresianum de Roma, Italia. A lo largo de su ministerio ha servido como profesor de Teología, párroco, misionero y superior de importantes responsabilidades dentro de la Congregación de la Misión en el Caribe y las Antillas.
Sin embargo, limitar la descripción del padre Tulio únicamente a su labor sacerdotal sería insuficiente. Su nombre también ocupa un lugar distinguido dentro de las letras dominicanas. Como destacado representante del Movimiento Interiorista, ha cultivado una poesía profundamente espiritual, capaz de conectar la sensibilidad humana con la experiencia de Dios y la contemplación de la existencia.
Obras como Latido cierto, Si el alba se tardara, La sed del junco, La noche, las hojas y el viento, Tienda de la presencia e Hilo de fuego revelan una voz poética madura, reflexiva y profundamente comprometida con la belleza de la palabra. Cada uno de sus escritos constituye una invitación a descubrir la dimensión espiritual que habita en el ser humano.
Su aporte a la cultura nacional también se manifiesta en su participación activa en instituciones literarias y académicas. Cofundador de importantes grupos literarios y miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, ha contribuido al fortalecimiento del pensamiento crítico y al desarrollo de la creación literaria en el país.
El reconocimiento recibido en 2020 con el Premio de Literatura de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña constituye una muestra del valor de su obra ensayística, con influencia en el ámbito intelectual dominicano. Del mismo modo, su constante defensa de la memoria histórica, cultural ha permitido rescatar y valorar aspectos fundamentales de la identidad nacional.
Pero quizás uno de los rasgos más fascinantes del padre Tulio sea su capacidad para integrar múltiples expresiones artísticas. Sacerdote, poeta, filósofo, músico, pintor, escritor, reúne en una sola persona diversas formas de comunicar la belleza, la fe y la esperanza. Su sensibilidad artística complementa una espiritualidad profunda que ha marcado positivamente a quienes han tenido la oportunidad de conocerlo.
Al arribar a sus 42 años de sacerdocio, el padre Tulio Cordero representa mucho más que una fecha de aniversario. Representa una vida fecunda, dedicada a sembrar conocimiento, valores, cultura y fe. Su legado permanece vivo en sus libros, en sus enseñanzas, en sus obras artísticas y en el testimonio cotidiano de una vocación ejercida con fidelidad y amor.
Actualmente se encuentra haciendo su servicio pastoral como Vicario de la Parroquia San Antonio de Padua en Gazcue.
Desde mi corazón, elevo una oración de gratitud por su ministerio ,por el valioso aporte que ha realizado a la Iglesia y a la sociedad dominicana. Que Dios continúe bendiciendo abundantemente su vida, que su ejemplo siga iluminando a las presentes y futuras generaciones.
¡Felices 42 años de sacerdocio, padre Tulio Cordero!

