Por Esmirna Gómez.-
Santo Domingo Este.-La Capilla Santa María de la Rábida, ubicada dentro del Faro a Colón, fue escenario de la celebración Eucarística del Sexto Domingo de Pascua, presidida por el P. Ricardode la Rosa quien centró su homilía en la acción del Espíritu Santo, la esperanza cristiana y el compromiso de hacer el bien.
Durante su reflexión, el sacerdote recordó que los apóstoles, antes de recibir el Espíritu Santo, vivían llenos de temor e incertidumbre, pese a haber conocido a Dios, Padre, Jesucristo. Explicó que fue precisamente la llegada del Espíritu Santo la que transformó sus vidas, les dio fortaleza para anunciar el Evangelio.
“El Espíritu Santo sustituye la presencia visible de Cristo en la tierra. Jesús se va, pero promete que no dejará solos a sus discípulos”, expresó el sacerdote al reflexionar sobre el tiempo pascual, y la cercanía de la celebración de la Ascensión del Señor.
En medio de un lenguaje cercano, cargado de ejemplos cotidianos, el padre de la Rosa, también explicó la diferencia entre la Ascensión de Jesús y la Asunción de la Virgen María, señalando que Cristo asciende por sí mismo al cielo, mientras María es llevada por Dios.
La homilía estuvo marcada por reflexiones sobre las despedidas, los sacrificios familiares, las pruebas de la vida. El religioso compartió experiencias personales de su salida al seminario, recordó que toda separación humana deja huellas, pero también fortalece la fe, la confianza y la esperanza en Dios.

“El cristiano no vive para quedarse en el miedo. Los apóstoles eran hombres temerosos como cualquiera de nosotros, pero el Espíritu Santo los transformó”, manifestó ante los fieles reunidos en la celebración.
Asimismo, exhortó a los presentes a practicar el bien sin esperar recompensas ni reconocimiento humano, recordando que muchas personas entregan sacrificios por otros sin recibir agradecimiento.
“Lo importante es hacer la voluntad de Dios. Si el otro agradece, bendito sea Dios; y si no lo agradece, también debemos seguir haciendo el bien”, afirmó.
Durante la Eucaristía también elevó oraciones por las madres, destacando el esfuerzo, sacrificio que realizan por sus hijos, las familias, al tiempo que pidió valorar más a los padres y fortalecer el respeto dentro de los hogares.
En la parte final de la homilía, el sacerdote llamó a los fieles a mantener viva la esperanza cristiana, recordó que, para el creyente, la muerte no representa el final, sino el paso hacia la resurrección prometida por Cristo.

“El cristiano no muere; permanece con la esperanza de resucitar junto al Señor”
Al finalizar la Eucaristía el Sacerdote impartió una bendición especial a las madres que se encontraban allí presente .

