Por Esmirna Gómez.-
La celebración del Domingo de Resurrección tomó este año un giro poco común en Santo Domingo Este, cuando el obispo Manuel Antonio Ruiz encabezó una actividad pastoral fuera de los templos, llevando el anuncio de que Cristo ha resucitado hasta la ribera del río Ozama.
La iniciativa reunió a decenas de fieles, sacerdotes y comunidades parroquiales en el área del dique, desde donde partieron en yolas y pequeñas embarcaciones en una caravana acompañada de cantos, alabanzas, banderas, con el objetivo de motivar a la población y hacer visible la alegría pascual en espacios abiertos.
Durante la jornada, el obispo reiteró su llamado a construir una Iglesia en salida, que no se limite a los templos, sino que se haga presente en plazas, parques y otros lugares donde se desarrolla la vida cotidiana.

El recorrido por el río fue recibido con entusiasmo por personas que se encontraban en las orillas, donde también se congregaron grupos de distintas parroquias entre ellos destacamos los integrantes de Emaús, con música y animación. Entre los asistentes se encontraba, el padre Joselito Abreu, CM, quien lideró un ambiente festivo con alabanzas; junto al Padre Teury Mateo, fieles de las parroquias San Marcos , Santa Luisa de Marillac, San Vicente de Paúl, Asunción de Nuestra Señora, la Catedral Stella Maris, Santa Mónica , Paz Y Bien, entre otras de las diferentes zonas pastorales.
Asimismo, participaron el padre Domingo Vásquez y otros sacerdotes que acompañaron esta primera experiencia de evangelización fluvial impulsada por la diócesis.
De manera simultánea, un helicóptero sobrevoló la zona con una valla gigante con el mensaje “Jesucristo ha resucitado”, como parte de la actividad. En la aeronave se encontraba el canciller diocesano, el padre Cesáreo Núñez.

La jornada marcó un hecho sin precedentes en la diócesis, siendo la primera vez que el obispo participa en una actividad de este tipo, utilizando el río como escenario para anunciar la Resurrección.
Con esta acción, la Iglesia en Santo Domingo Este buscó llevar un mensaje de esperanza y alegría más allá de los espacios tradicionales, en una fecha central para la fe cristiana.

