Padre Manuel Antonio García Salcedo, PhD y Posdoctorado en Teología Católica.
Biblia y vida
Arquiocediocesis de Santo Domingo
OSEAS: Situamos al Profeta del Reino del norte, Israel, en el año 746 AC. Dividido en 14 capítulos. Los temas tratados en el mismo es la relación entre Dios y su pueblo equiparado al matrimonio del esposo y esposa, con la particularidad que personifica al profeta con su propia familia. La mujer de Oseas es una sacerdotisa de la fertilidad llamada de forma denigrante prostituta. El mandato del Señor a su mensajero es que se case con esta mujer cuyo oficio era intimar sexualmente con cantidad llamativa de hombres que buscaban los favores de las divinidades para que la tierra fuera fértil, fecundidad del pueblo y placer sin compromiso de fidelidad. A partir de su matrimonio denuncia Oseas la prostitución de Israel, su infidelidad al correr detrás de otros dioses y los compromisos contrarios a la Alianza Sagrada que este culto implica. La búsqueda de pan, agua, aceite, lana, lino, bebidas por parte del pueblo les llevó a incurrir en los peores delitos contra la Ley de Dios a la cual se hizo caso omiso a lo largo de dos décadas de prosperidad. Pero es un patrón de vida que lo abundante mal adquirido ha de terminar. Ha de reconocer Israel que era el Señor Único, su Esposo, quien le proveía de trigo, vino y aceite. En un momento la Esposa infiel reacciona y se dice ante las calamidades que se pintan para el futuro su deseo volver con el Esposo. Oseas sacó a su mujer de la vida de prostitución sagrada, pero ella, acostumbrada a aquello, no se pudo contener y volvió, abandonado a su marido y familia que le dio una nueva vida. Le era imposible contenerse. Conocimiento de Dios, misericordia, vuelta de los alejados son las herramientas que ofrece la conversión a la que convoca el Señor que les sacó de Egipto, que los condujo por el desierto y que ha querido desposarse con Israel. Dos hijos nacen de ese matrimonio a pasar de la ruptura del pacto, la Alianza de Dios con su pueblo. La garantía es que Dios será siempre fiel. Detrás de esto se encuentra la promesa de una Nueva Alianza para aquella que no era amada, que estaba sin Dios. Ahora será la Amada, Dios estará con ella.
AMOS: De corte menos poético y romántico, propio de lugares en que la prosperidad no es abundante. Rústico, punzante, burdo, el profeta Amos, un pastor de Belén de Judá, denuncia la grave situación social de desigualdad de los diversos sectores del Pueblo de Dios. Claro, sin muchos giros literarios, muy directo hasta llegar al extremo de echar en cara la idolatría y la opresión económica de las autoridades monárquicas, que constituirán los rasgos del verdadero profeta de Dios. Dividido en 9 capítulos, su contenido compendia el maltrato a los humildes el cual no quedará sin condena. Como el pastor salva de la boca del león a sus ovejas, así el Señor salvará a sus hijos porque los gobernantes de Samaria, capital del Reino de Norte, han preferido vivir con los lujos y boato de las potencias vecinas, Egipto y Asiria, a costa de la precariedad extrema de los habitantes de la nación. Volver al Señor… repite constantemente. La invitación pide abandonar el culto vacío, rutinario, interesado, externo, de ofrendas que no correspondían a una vida en consonancia con la Ley de Dios. Una vez que sale a la luz la situación del alejamiento de Dios o de injusticia social y religiosa, anuncia Amos el Día del Señor, día de juicio, de duelo, velatorio y a la vez de tinieblas. Entre los opositores al profeta el renombrado sacerdote Amasías se levanta para increparle y sugerir su destierro a Betel, al Reino del Sur, a Judá. No es de beneplácito para la cúpula de Israel la denuncia profética contra el lujo y el acaparamiento. En una serie de cinco visiones se presenta este mensaje. La idolatría, sus dioses, sus santuarios y sus emisarios caerán, no podrán mantenerse en pie. Un Israel humilde se levantará, saldrá de la choza de David, actuará como el campesino que trabaja la tierra y recoge sus frutos, las viñas darán vino y nunca más serán arrancadas, imágenes hermosas que la Iglesia ven cumplidas en Jesucristo, Hijo de María, Virgen Santísima, y que esperan su realización en nuestra historia.
ABDIAS: El más breve de todos los profetas: Abdías. Dos siglos le precedieron del mensaje de los Profetas que anunciaron la destrucción y la catástrofe que originó el abandono del Culto al Dios vivió y verdadero, y por tanto de la práctica de la justicia social y la reconciliación entre el pueblo. La característica de estos apenas 21 versículos: cuatro de ellos apelan a los sentimientos más humanos que han de invadir a toda persona racional en la hora de la desgracia: (12) «¡No mires con placer el día de tu hermano, el día de su desgracia, no te alegres de los hijos de Judá, en el día de su ruina, no dilates tu boca en el día de su angustia!”. A esto se añade (13) «… de mi pueblo… no mires con placer también tú su desgracia en el día de su infortunio, no lleves tu mano a su riqueza, ¡en el día de su infortunio!”. Ante tanta lamentación del Profeta por la desgracia ocurrida al Pueblo, los versículos del 15 al 21 dan un giro a sus expresiones convirtiéndose estas en examen de conciencia, en referencia penitencial y en promesa de restauración; «Porque está cerca el Día de Yahveh para todas las naciones. Como tú has hecho, se te hará: sobre tu cabeza recaerá tu merecido. ¡Sí, como vosotros bebisteis sobre mi santo monte beberán sin cesar todas las naciones, beberán y se relamerán, y serán luego como si no hubiesen sido! Pero en el monte Sión habrá supervivencia – será lugar santo – y la casa de Jacob recobrará sus posesiones”. Concluye el Profeta del año 500 AC con una confesión de fe: (20-21) «Los deportados, este ejército de los hijos de Israel, poseerán Canaán hasta Sarepta, y los deportados de Jerusalén, que están en Sefarad, poseerán las ciudades del Négueb. Y subirán victoriosos al monte Sión, para juzgar a la montaña de Esaú. ¡Y la realeza será de Yahveh!”.
NAHUM: Se derrumba la potencia invencible de Asiria, idolatrada por el Reino del Norte o Israel a inicios del siglo VII AC. Babilonia conquista todo el medio oriente con su técnica de destrucción total, toma de cautivos de las altas castas nacionales, reyes, sacerdotes, letras y llevarlos como esclavos, así como prohibir todo culto y costumbre de las naciones conquistadas. Nahúm está conformado por poemas que recogen la tradición profética del Dios de Israel: versículos 2-3: «es un Dios celoso, es lento a la cólera, pero tremendo de poder”. De una imagen de Dios vengador pasa a la imagen del Dios bueno para los que en el confían, refugio en el da de la angustia, conoce a los que en Él confían y los salva de las aguas embravecidas (7-8), la denuncia de las faltas del pueblo, la reflexión de la suerte catastrófica de las alianzas contrarias a la Alianza del Señor: «por más potentes y poderosos que sean serán cortados y desaparecerán. Si te he humillado, no volveré a humillarte más, y ahora voy a quebrar sobre el su yugo y a romper sus cadenas» (12-13), promesa de tiempos mejores que aluden a la toma de conciencia de las faltas de la ciudad en la que se habían puesto todas las esperanzas, es decir Nínive, capital de Asiria que terminó en un baño de sangre, la cual antes cobraba por ser reverenciada. Se anuncia la futura manifestación de una paz, de la Gloria de Dios, de una buena nueva: Miren al que viene por los montes y nos trae la buena nueva, el que anuncia la paz, celebra tus fiestas Judá, cumple tus votos, porque no volverá a pasar por ti el impío. Ha sido extirpado totalmente. Pues el Señor ha establecido la Gloria de Jacob, como la gloria de Israel. Los devastadores han sido devastados y destruidos sus sarmientos (1, 15-2, 1).
HABACUQ: A inicios del siglo VII AC aparece aquel que trae la novedad, el Profeta Nahúm, entabla un diálogo de corazón a corazón con Dios. Estilo literario novedoso en los libros proféticos. La intención es que los lectores descubran el plan de Dios con toda la humanidad en el que el pueblo tiene una responsabilidad: cumplir con su parte en el pacto. Tendrá este último la garantía de que Dios cumplirá con su parte. Motivo de alegría, aun en medio del dolor y la calamidad más grande, incluso cósmica, que pueda producirse. En el año 605 AC se sucede la destrucción de Israel, después de que esta contempla aterrorizada la conquista de Asiria por parte de Babilonia, la cual redujo a cenizas el esplendor de la antigua nación gloria del oriente medio. Sin embargo, las demás naciones no cuentan con el juicio final que develará la gloria del Señor. Los tres capítulos dialógicos de Habacuq tienen como inicio el reclamo del olvido, el descarte de la Ley que compendia el culto y la moral del Pueblo. Esta afirmación lanzada por el profeta interlocutor es contestada por el mismo Señor con una promesa esperanzada como indica el capítulo 1, versículo 5: «Miren, traidores y contemplen, asombrense y quédense alelados, porque voy a realizar en su época algo que no creerían si se lo hubieran contado.»La diferencia con los demás profetas de la época de la caída de la nación del Señor es que siempre Habacuq da visos de un mejor porvenir. Su mismo Dios lo propiciará: «Esta visión espera su debido tiempo, pero se cumplirá al fin y no fallará; si se demora en llegar, espérala, pues vendrá ciertamente y sin retraso. Aquí la tienes: El que vacila nunca contará con mi favor, el justo sí vivirá por su fidelidad» (2, 3-4). No por esto deja el profeta de denunciar las injusticias, en especial con aquellos que aquilataron mucho poderío material pensando que escaparían de la desgracia que se vertía sobre toda la nación. El texto toma en su último capítulo un estilo litúrgico, la oración sincera del pueblo, identidad propia del mismo, será parte esencial en la superación de esta crisis. La aclamación del Profeta Habacuq es inspiradora y motivadora para tiempos de grave dificultad: «Pues, aunque no florezca la higuera ni den las viñas uva en adelante; aunque falte el producto del olivo y se niegue la tierra a darnos pan; aunque no tenga ovejas el corral y se queden sin bueyes los establos; yo seguiré alegrándome en Yahveh, lleno de gozo en Dios, mi Salvador. Yahveh, que es mi Señor, es mi fuerza el da a mis pies la agilidad de un ciervo y me hace caminar por las alturas» (3, 17-19).
AGEO: Los profetas llamados de la restauración tras la vuelta del destierro corresponden al año 520 AC aproximadamente. El factor común será la reconstrucción del Templo, la casa de Dios entre los hombres. El sentido escatológico de estos escritos sagrados muy propios de su tiempo, resalta al Espíritu del Señor, la esperanza, la perfección de la conducta, la renuncia al mal personificado, la venida del Mesías, los compromisos que implica la Alianza. En dos capítulos el profeta Ageo denuncia la situación de la fe entre el pueblo elegido de Dios después de la desgracia del exilio babilónico y la devastación que trajo sobre la tierra prometida. Un recomenzar desde cero. Sin viviendas, sin recursos para la alimentación, sin institucionalidad gubernamental, la tarea fue ardua y extenuante. Pero el pueblo se desentendió del templo destruido. Pensaron que la religión no era una prioridad y un fundamento para la estabilidad de la nación que resurgía de sus cenizas. Así lo describe poéticamente en el capítulo 1: «¿Es acaso para vosotros el momento de habitar en vuestras casas artesonadas, mientras esta Casa está en ruinas? Ahora pues, así dice Yahveh Sebaot: Aplicad vuestro corazón a vuestros caminos.» «Habéis sembrado mucho, pero cosecha poca; habéis comido, pero sin quitar el hambre; habéis bebido, pero sin quitar la sed; os habéis vestido, mas sin calentaros, y el jornalero ha metido su jornal en bolsa rota. Así dice Yahveh Sebaot: Aplicad vuestro corazón a vuestros caminos. Subid a la montaña, traed madera, reedificad la Casa, y yo la aceptaré gustoso y me sentiré honrado, dice Yahveh. Esperabais mucho, y bien poco es lo que hay. Y lo que metisteis en casa lo aventé yo. ¿Por qué? – oráculo de Yahveh Sebaot – porque mi Casa está en ruinas, mientras que vosotros vais aprisa cada uno a vuestra casa. Por eso, por culpa vuestra, los cielos han negado la lluvia y la tierra ha negado su producto. Yo he llamado a la sequía sobre la tierra y sobre los montes sobre el trigo, el mosto y el aceite, sobre todo lo que produce el suelo, sobre los hombres y el ganado, y sobre todo trabajo de manos.» (4-11). Antes del destierro y la destrucción del Templo y la monarquía, los profetas criticaron un culto fastuoso y vacío, supersticioso e interesado. El corazón estaba lejos de lo que se ofrecía y como se actuaba en consecuencia. Después del destierro y del Templo solo quedaban los escombros. La empresa de la reconstrucción y la restauración en todos los ámbitos hará mucho bien al pueblo de Dios: sacrificios, esfuerzo, trabajo, inversión, cohesión en un emprendimiento común y nacional, redescubrir y valorar la fe de los padres y la forma de ejercer la justicia, un nuevo modo de compromiso ante la presencia del Espíritu de Dios en medio de ellos. «¿Quién queda entre vosotros que haya visto esta Casa en su primer esplendor? Y ¿qué es lo que veis ahora? ¿No es como nada a vuestros ojos? ¡Más ahora, ten ánimo, Zorobabel, oráculo de Yahveh; ánimo, Josué, hijo de Yehosadaq, sumo sacerdote, ánimo, ¡pueblo todo de la tierra!, oráculo de Yahveh. ¡A la obra, que estoy yo con vosotros – oráculo de Yahveh Sebaot – .según la palabra que pacté con vosotros a vuestra salida de Egipto, y en medio de vosotros se mantiene mi Espíritu: no temáis! . Pues así dice Yahveh Sebaot: Dentro de muy poco tiempo sacudiré yo los cielos y la tierra, el mar y el suelo firme, sacudiré todas las naciones; vendrán entonces los tesoros de todas las naciones, y yo llenaré de gloria esta Casa, dice Yahveh Sebaot. ¡Mía es la plata y mío el oro! oráculo de Yahveh Sebaot. Grande será la gloria de esta Casa, la de la segunda mayor que la de la primera, dice Yahveh Sebaot, y en este lugar daré yo paz, oráculo de Yahveh Sebaot.» (2, 3-9).
ZACARÍAS: El objetivo del Profeta de la Restauración es el cumplimiento de las promesas hechas por los profetas hechas durante la salida de Babilonia después de la liberación de Ciro el Persa y la vuelta a la Tierra Santa. 14 capítulos conforman el libro del profeta Zacarías que agrupa 8 visiones en un inicio que conducen al combate entre los persecutores de la fe en el Dios de la alianza y el Rey Pastor que reina de una manera nueva, superior a la antigua. Este combate se produce porque llegan nuevos conquistadores: los griegos. Traen una nueva religión y administración que es contraproducente con el esfuerzo de restauración que se había alcanzado hasta el momento. El llamado inicial es a la vuelta al Señor de los Ejércitos, titulo antiguo utilizado en estos profetas. Todo lo ocurrido en el pasado de cautividad fue un correctivo para que se abandonasen los malos caminos transitados y escarmentar. Se abren las visiones para todos: en la primera se muestra la piedad de Dios después de una seria reprensión de parte de Dios. La segunda visión convoca al Judá disperso. Ante tal convocatoria la tercera visión es una resonancia para aquellos que no se deciden a volver del destierro de Babilonia, nuevas generaciones, y como resultado de esto irrumpe un cántico de alabanzas a la hija de Sión donde estará la presencia permanente de Dios con su pueblo. La cuarta visión pide una renuncia al mal, a Satán, responsable de dar la espalda al mismo Dios, personaje con nombre propio que será derrotado por el Rey prometido que ya se avecina. El visionario inspirado es acompañado en las visiones restantes por el Ángel del Señor que le muestra un futuro esperanzador que implica el esfuerzo y sacrificio ya mencionado. La misión del profeta es rememorar lo que los anteriores profetas anunciaron y que ha de concretizarse en dicho presente. La nueva situación anunciada por el profeta dependerá de la religión que se fundamenta en una paz que es fruto de la salvación que da, mueve a la comida, a la bebida, al trabajo, a la cría del ganado y la siembra de la tierra como elementos de cohesión para el Pueblo que les ha dado su Dios (capítulos 1-8). La segunda parte de la obra del profeta Zacarías, redactada en un tiempo posterior, la hegemonía de Alejandro Magno en todo el mundo de entonces arropó al Pueblo de Dios, que será liberado, guiado y sostenido por un Pastor humilde en el que se ha de confiar, se espera de su bondad la unión de todo el pueblo. La persecución por parte de los conquistadores es tremenda. Cobra importancia el tema de la descendencia de David, el Rey. El escenario esta dado. Habrá un último combate. El género apocalíptico, en auge en esta época, destaca al descendiente de David como sufriente, traspasado, sacrificado, y a través de este sufrimiento, similar al Siervo del Señor, el Cordero del Segundo Isaías, que en Jerusalén, en Judá, reinara en la Casa del Señor. La Iglesia Católica ha hecho la lectura de estos textos cumplidos en Jesucristo, sacramento vivo del altar y en su Cuerpo que es la Iglesia para el bien de toda sociedad humana.
MIQUEAS: Así como Amós y Oseas ejercieron el profetismo en Israel, Isaías y Miqueas por igual en Judea. Los 7 capítulos que conforman el libro de Miqueas recogen la situación vivida de las invasiones y acoso por parte de las naciones grandes y poderosas sobre el Pueblo de la Alianza. Las grandes ciudades olvidan la situación de desventura de los pueblos agrícolas y pastoriles del interior. La situación egoísta tanto de Samaria como de Jerusalén, el norte y el sur, terminarán en desgracia cuando serán aplastadas por las naciones de mayor poderío. El capítulo 2 denuncia a aquellos que acaparan las riquezas llamándoles los verdaderos enemigos del pueblo. No se debe olvidar que a todos por igual el Profeta hará el llamado a la conversión. De esta manera llegarán tiempos mejores con Dios, el Pastor para su pueblo a quien compara con un rebaño que pastarán en mejores pastizales. Enfatiza Miqueas la perversión tanto de los gobernantes como de los profetas que han desviado su camino en favor del pueblo por intereses propios. El capítulo 3, versículo 8 anuncia la verdadera llenura del Espíritu del Señor que consiste en el celo por la justicia y las fuerzas, ánimo para denunciar el pecado y las faltas. Los capítulos 4-7 anuncian los tiempos mesiánicos en los que el Monte, el Templo, Sión, serán el hábitat de la ley de Yahvé, Jerusalén será la residencia de la Palabra del Señor Los dioses de los pueblos serán anulados, se caminará a la Ciudad de Dios, la elegida, donde Él gobierna. Pero habrá que fortalecerse para los ataques que vienen desde el exterior. La salvación llegará desde donde menos se piensa o espera: Mas tú, Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño. Por eso él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. Él se alzará y pastoreará con el poder de Yahveh, con la majestad del nombre de Yahveh su Dios. Se asentarán bien, porque entonces se hará Él grande hasta los confines de la tierra. Él será la paz (5, 1-4ª). Conocido texto este de Miqueas (6, 3-4) por la piedad popular: Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he molestado? Respóndeme. ¿En qué te hice subir del país de Egipto, y de la casa de servidumbre te rescaté, y mandé delante de ti a Moisés, Aarón y María? Una nueva creación aflorará, la parte que corresponde al hombre de Dios es: se te ha declarado, hombre, lo que es bueno, lo que Yahveh de ti reclama: tan sólo practicar la equidad, amar la piedad y caminar humildemente con tu Dios (6, 6-8). Pasado el tiempo de la nueva desgracia de Judea, se incluye un texto en el último capítulo 7 originario del tiempo del destierro a Babilonia donde se proclama el resurgimiento de Jerusalén, que al final se levantará redimida por su Dios como expresan los versículos 18-20: ¿Qué Dios hay como tú, que quite la culpa y pase por alto el delito del resto de tu heredad? No mantendrá su cólera por siempre pues se complace en el amor; volverá a compadecerse de nosotros, pisoteará nuestras culpas. ¡Tú arrojarás al fondo del mar todos nuestros pecados! Otorga fidelidad a Jacob amor a Abraham, como juraste a nuestros padres, desde los días de antaño.
JOEL: Llamado el Profeta de los últimos tiempos, en 4 capítulos se recogen los pasos que el Pueblo de Dios da en vistas a su salvación. Las langostas del capítulo 1 evocan los tiempos de la esclavitad, de la rebeldía, del llamado a la libertad. El capítulo 2 es la recapitulación del Antiguo Testamento de la convocatoria a todo arrepentimiento de la Nación Sagrada por medio al ayuno y a la penitencia. Este pasaje es el texto clásico como primera lectura del Miércoles de Cenizas. Tras la vuelta al Señor de sus elegidos y su purificación vendrá el Espíritu sobre los jóvenes y ancianos. Sueños y visiones permitirán afrontar el acontecer de los hechos según la voluntad de Dios. También los astros y los fenómenos cósmicos serán signos de la intervención divina. Es el lenguaje apocalíptico que afirma la acción salvífica y definitiva de Dios. Joel 3 sirve de colofón para la redacción del capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles, el día de Pentecostés, conclusión de la Pascua Cristiana. Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará indica también San Pablo en Romanos. Un combate en el cual todos y cada uno como parte del Pueblo tendrán que luchar para alcanzar la reafirmación de la Casa del Señor es la motivación y la esperanza que imprimen este escrito.
SOFONÍAS: En el año 630 AC, posterior a Isaías, en tiempos de crisis del profetismo en el Reino del Sur, Sofonías aparece para pedir la purificación de Jerusalén para cambiar la mentalidad de los indiferentes y afrontar la destrucción por la falta de conversión del pueblo. Con apenas tres capítulos, la belleza del texto contiene el constante llamado a buscar a Yahvé, a los pobres del país para poder encontrar refugio. Es grave la falta de Jerusalén. Los humildes serán los elegidos porque no se jactan ni son presa del orgullo. La fiesta volverá. El miedo y los temblores desaparecerán. El gozo resurgirá por el amor renovado, preanuncio de la alianza de Dios con su pueblo después de la catástrofe.
MALAQUÍAS: La restauración a la vuelta del destierro que reclamaron Ageo y Zacarías, profetas que anuncian un tiempo del Espíritu de Yahvé, portado por el Rey de Jerusalén venidero, implica que la comunidad aprenda a vivir conforme a su estado. Los cuatro capítulos del profeta Malaquías tienen esta intencionalidad. El centro del encuentro es la mesa familiar. Frecuentemente irrespetada, el pueblo es llamado a capítulo al respecto. Ella es fuente y medio de culto, sociedad y acatamiento de la voluntad divina. El templo y la compasión de Dios deben ir de la mano. Lo robado no va con las ofrendas de animales y el altar del templo. La trampa no va con los sacerdotes dice el profeta al denunciar el acercamiento de estos al mal. Se da en este libro el sentido de la vinculación familiar de todos con Dios y entre ellos como hermanos. Para lo cual se pide respeto al matrimonio y la reconciliación entre padres e hijos con la fuerza del profeta Elías, el mensajero que vendrá a preparar el camino del Señor. El sazonado y desacreditado tema del diezmo al tiempo por el abuso de los recursos obtenidos del culto y la interpretación manipulada del capítulo tres de Malaquías nos llevan a reafirmar la importancia del acatamiento por parte de todos los católicos sin excepción de la enseñanza de la Iglesia en relación con las obras de misericordia corporales como medio expreso e inequívoco de la voluntad de Dios en relación al empleo de los bienes adquiridos de manera honrada mediante el trabajo laborioso.
JONÁS: La historia de Jonás, el profeta que enfrentó a la poderosa Nínive, fue revestida de ciertos elementos que nos anuncian aquello que Dios ha de obrar en la vida de sus hijos y de todos los pueblos de la tierra que asientan a su designio de salvación universal. La intencionalidad del escrito es denunciar la religiosidad arropada de nacionalismo de los judíos que desprecian a los demás pueblos y la trascendencia de la misericordia divina hasta el extremo de llegar a la futura resurrección. Dios da la vida, la retira y la hace renacer para todos. Ese es su compromiso con los hombres. El libro inicia con el llamado de Yahvé al profeta en forma de mandato: Levántate. Jonás se embarcó para huir de tan fuerte encomienda. Por un lado, teme la reacción de la ciudad capital del imperio dominante, Nínive, ante la denuncia de su conducta malvada, y por otro lado, el profeta repudia aquella población ajena a la ley de Dios. Un viento tempestuoso casi hunde la barca. Los marinos piden que despierte del sueño al creyente en el único Dios y calme para que no perezcan. Ellos se percatan que toda la tempestad es causada por la desobediencia al mandato divino y arrojan por la borda a Jonás. El mismo ha confesado a los tripulantes su situación de rebeldía y huida, eleva la oración de súplica de salvación por todos y el mismo pidió que lo lancen al mar para salvar a todos a cambio de su vida. Esta situación sirvió para que los marinos se convirtieran a Yahvé, le ofrecieran sacrificios e hicieran votos. En el mar un pez se traga a Jonás, quien dura tres días en su vientre, y desde esa profundidad y oscuridad, clama al Señor, de manera que el pez vomita a Jonás, quien si está dispuesto ya a ir a cumplir su misión a Nínive con un segundo llamado que le hace Yahvé. Da la vida, la retira y la hace renacer para todos. Ese es su compromiso con los hombres. El anuncio de la futura destrucción que hace Jonás sobre la ciudad si no se convierte tiene tal respuesta que hasta los animales fueron sometidos al ayuno, a vestir las ropas rústicas y cambiar de conducta desaprensiva. El arrepentimiento de todos, de sus malas conductas y obras oscuras evitó el castigo. Afloró entonces en Jonás el sentimiento de repulsión contra aquella nación que no fue exterminada. La manifestación plena y final de Dios como clemente y misericordioso supera al profeta. La paciencia y la bondad divina siempre están dispuestas a perdonar. Nueva vez Jonás se distancia, huye y se asienta a distancia de la ciudad arrepentida. El último y cuarto capítulo muestra el diálogo entre Dios y un terco y ensimismado Jonás, el cual contempla el ciclo vital y misterioso de la planta que nace, crece, se infecta, muere, pero luego reverdece. En conclusión, el Dios de la Alianza extiende su compasión con los ignorantes de sus designios, se los da a conocer y rescata a su creación para que reine la vida. Enseñanza que desconocieron los fariseos del tiempo de Jesús.

