Biblia y vida
Padre Manuel Antonio García Salcedo PhD y Posdoctorado en Teología Católica.
Arquidiócesis de Santo Domingo
I LIBRO DE LOS REYES; Inicia con las últimas horas del rey David a quien sucede no sin contiendas fuertes Salomón, el hijo de Betsabé, quien fue esposa del asesinado Urías. El sucesor al trono tiene la misión de terminar la construcción del templo de Dios en Jerusalén. (1-8). Su esplendor y poderío crece por la gracia de Dios, pero el rey sabio se deja atrapar por las costumbres de las naciones circundantes con un sin número de esposas de cultos diversos e impuestos sofocantes al pueblo para mantener aquel esplendor del Reino y sus funcionarios (9-10). Anuncia el profeta Ajias el cisma de la nación de Dios, se divide el reino, norte y sur, en torno a los templos y sus tradiciones respectivas, así como a las facciones de mando en pugna.
El reino del norte sigue a otros dioses. Su ruina está anunciada por Ajias, aunque se sucederán las dinastías paralelas en los dos reinos por un buen tiempo (11-16). El movimiento profético oral llegado a Israel de otras naciones bajo la modalidad monoteísta entró en auge ante el declive de las instituciones del reino del norte y de Judá. La injusticia era cada vez más patente y no se veía solución, al contrario, empeoraba todo. Elías profeta asume la segunda parte de la presente obra denunciando la idolatría hacia el dios de la fertilidad y la prostitución sagrada. Elías habitará el desierto ante la persecución, auxilia a la descendencia de la anciana viuda con la multiplicación de los alimentos, resucita al joven y denuncia el culto idolátrico real poniéndolo en ridículo y demostrando su esterilidad. Todo esto será el anuncio profético carismático de la espera y añoranza del mesías rey para Israel. Mueren todos los Profetas de Yahvé asesinados por el rey y su consorte quien asume directamente este rol contra quienes atentan contra sus intereses (17- 19).
Jezabel, la reina prostituida por su sed de poder y de asesina de los mensajeros de Dios será el contrasigno para toda la historia de los pueblos en que la mujer asume un rol dominante, manipulador y oscuro de los destinos de una comunidad creyente por encima del rey, eliminando a los profetas de Dios y perpetuándose en el trono. Más tendrá un destino fatal a pesar de que la gran ramera sustentaba a muchos falsos profetas por ser usurpadora, tal como presenta el relato clásico de la Viña de Nabot.
II LIBRO DE LOS REYES: Presenta litúrgicamente el final de los días del profeta carismático de todos los tiempos, Elías, quien sube al cielo en un carro de fuego. No prueba la muerte, el Espíritu Santo que lo habita es eterno e inmortal, y es comunicada una porción del mismo a su discípulo y sucesor, el Profeta Eliseo, quien ocupa su lugar en este libro. También Eliseo anuncia a un futuro Mesías Rey, obra milagros con el aceite, resucita al muerto, sana en el rio al extranjero Naamán, el sirio, y al igual que en tiempos de Elías, hubo que superar tiempos fuertes de hambre y guerra (cap. 1-8).
Todo mal llega a su fin. Eliseo consagra el reino de Israel del norte a Jehú. Mueren a espada los malvados, su esposa nefasta Jezabel y su familia. El rey Jehú hace una verdadera purificación y reforma del reino, mientras se suceden los reyes en ambos reinos divididos a pesar de tener la misma fe en el único y verdadero Dios (9-16) hasta que llega el final del reino del norte y luego el reino del sur con varios destierros de sus reyes, sacerdotes y familias principales de ambas naciones a Babilonia, destrucción de la ciudad santa de Jerusalén y el templo de Dios. Entonces vendrán los tiempos de la espera del favor de Dios.
I –II CRONICAS: El destino del Pueblo está en relación a la manera en que prioriza el cumplimiento de las leyes del Dios único y verdadero, misericordioso y justo, y la fidelidad al culto como familia de creyentes católicos. Los siguientes libros abordan las genealogías propias de los círculos sacerdotales que compendian cinco siglos desde Adán a la decencia de David que sucumbe en el desierto, y continuará con la reconstrucción de Israel como Pueblo de Dios y la restauración de su religión santa. Para el tiempo del Imperio Persa que absorbió los territorios del medio oriente, la nación elegida era solamente una provincia más.
Los tiempos de David Rey estaban muy lejos. Las perspectivas de futuro eran muy limitadas, aunque se permitía el culto a Yahveh, a diferencia del absolutismo religioso babilónico. El sueño era más persistente: la llegada del Reino de Dios, sus sacerdotes darían las luces. Todo había de centrarse en el Templo y el cumplimiento de la ley de Moisés de tal forma que se manifieste el Mesías o Salvador definitivo, El hijo de David. Mucha paciencia para recorrer ambos libros de Crónicas que presentan el listado teológico de la descendencia de Adán, Abraham, Israel, Judá, las 12 tribus con sus respectivas genealogías hasta llegar a Saúl, David y sus herederos. En el segundo libro se da realce al Reinado de Salomón como un tiempo de prosperidad importante y las consecuencias que afrontar en el cumplimiento de la ley de Dios. Los últimos tramos dejan entrever la motivación necesaria para la reconstrucción del proyecto de Nación querido por Dios.
ESDRAS Y NEHEMÍAS: Agricultores y otros pobladores del Pueblo de Dios no fueron desterrados a Babilonia, pero no tenían sacerdotes ni cabeza que les pastorearan. Pasados los años de cautividad en Babilonia, vuelve un grupo de familias de los desterrados que mantuvieron su fe en el Dios de Abraham que los había constituido en una nación elegida en la espera del Mesías. De moral muy estricta, trabajadores responsables, diferenciados intencionalmente de los demás pueblos, con ritos exclusivos que debían ser cumplidos en forma cabal, algunos de los repobladores eran radicales observantes, mientras que otros asumieron lo mejor de los diversos pueblos que les circundaban. Todo esto ocurrió a raíz del decreto de Ciro, el Persa en el año 538 AC. Una de las primeras preocupaciones fue reedificar el Templo, las murallas de Jerusalén, la defensa del pueblo contra los enemigos que querían apoderarse de esos territorios, la aplicación un siglo después de la ley de Moisés. Será Nehemías quien termine, después de muchas dificultades, las murallas de Jerusalén, la divulgación constante de la ley de Moisés, de la cual brota su llamado como cabeza del pueblo, y la aplicación de la justicia en favor de los más desfavorecidos, a la vez que mueve a quienes manejan mayor abundancia de bienes a disponer de ellos en beneficio de los pobres de Israel.

