BIBLIA Y VIDA
Padre Manuel Antonio Garcia Salcedo, PhD y Posdoctorado en Teología Católica.
Arquidiócesis de Santo Domingo
JUAN I-II-III: profesan la fe de la que nace la alegría de la Comunión Eucarística que lleva a la Comunión con el Verbo, vida de Dios, dada a conocer a los Apóstoles, testigos y principio de la Sucesión, fundamento del Sacramento del Orden Sacerdotal. 5 capítulos conforman la Epístola.
(1) El versículo 8 argumenta: si decimos nosotros no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros…Vida y verdad son equiparables al camino de la fe. Sí confesamos nuestros pecados Él por ser fiel y Justo nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad, decir que no hemos pecado sería afirmar que Dios miente entonces la palabra no estaría en nosotros ya. Aquí encontramos la fundamentación necesaria para el sacramento de la Confesión.
(2) Los mandamientos se cumplen desde la óptica del nuevo mandamiento. Hay que derrotar al maligno cuya identificación es la persona contraria a los caminos de Dios, el anticristo. Para permanecer en su amor: así como me ha amado el Padre… permaneced en mí y yo en ustedes en la Unción del Santo.
(3) En el versículo 1 se exalta la condición bautismal de los hijos de Dios, de hermanos: vean que con amor singular nos ha amado el Padre que no solamente nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos.
(4) El tratado de Caritas nace de los mejores filósofos griegos de la época. El amor divino es el amor del Padre que ha de traducirse en el amor a los demás: En adelante queridos hermanos Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, el que no ama no ha conocido a Dios pues Dios es amor. Envió Dios a su único Hijo de este mundo para darnos la vida por medio de Él así manifestó el amor de Dios entre nosotros, no somos nosotros los que hemos amado a Dios sino en que Él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima de nuestros pecados. En esto está el amor… debemos amarnos mutuamente… nadie nunca ha visto a Dios, pero si nos amamos unos a otros Dios permanece en nosotros y su amor se dilata libremente entre nosotros. (I Jn. 4, 7). Dios, según el versículo 18, nos ha comunicado su Espíritu para el amor perfecto que echa fuera el temor.
(5) Los tres testigos, el Espíritu, el agua y la sangre brotan del costado de Cristo para nuestra salvación: cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Las siguientes dos cartas más breves de San Juan dan una radiografía de la situación de aquellas comunidades primitivas que buscan tomar medidas determinantes en el amor en Cristo Jesús para solucionar sus serios problemas internos.
JUDAS: Esta breve Epístola es una alerta para los que dudan, para los que no están preparados con sus ropas puestas para la Venida del Señor. Alienta a la Misericordia de Cristo Jesús Nuestro Señor que llevará consigo a los Amados de Dios que han conservado las bases de la Santísima fe orando en el Espíritu Santo, es decir, celebrando en Comunidad Eucarística la vida.
Se divide el texto en 25 versículos que recogen la impronta de la lectura religiosa de finales del siglo I de la era cristiana. La tradición oracional de las comunidades judías y judeocristianas relaciona el juicio final con la referencia a los ángeles, al diablo, la condenación, las recompensas del final del combate con un lenguaje litúrgico escatológico. Un llamado a la atención para aquellos que buscan la plena comunión con Dios. Judas Apóstol es el Servidor de Jesucristo, hermano de Santiago (el Menor).
La Misericordia de Dios invade la corriente teológica apocalíptica que contrasta con el terror de juicio final y la condenación que le espera a los que niegan y andan en diversidad de doctrinas, a los contrarios al Dueño de las realidades invisibles, que buscan perpetuar el desequilibrio existente. En esta batalla el Arcángel Miguel aparece como el líder enviado tal cual en el Profeta Daniel. Gloria, honor, fuerza y poder desde antes de todos los tiempos es el culto tributado al único Dios por medio de Cristo Jesús que concluye con él Amén litúrgico de la Eucarística.

