Padre Manuel Antonio García Salcedo. PhD y Postdoctorado en Teología Católica.
Biblia y vida
Arquidiócesis de Santo Domingo
I TIMOTEO: Alrededor del año 70 DC se redactan Las Epístolas Pastorales en las Escuelas de los discípulos de San Pablo para la animación de los Obispos de la Iglesia que conforman la cadena ininterrumpida de la Sucesión Apostólica en la Comunidad como defensa ante diversos predicadores de enseñanzas novedosas que quieren desbordar o quieren reducir el Evangelio que el Apóstol de las Naciones comunicó como verdadero Pastor y Maestro, de la vida de la Comunidad Eucarística. La I de Timoteo divida en 4 capítulos indica:
(1) Los distintivos del Obispo son el amor, un corazón puro, la conciencia limpia, la perseverancia ante la venida del Señor, la justicia, la santidad para hacer frente a los traidores Himeneo y Alejandro.
(2) Hace la comparación de Adán y Eva y su desobediencia, mientras que el Obispo y el Diácono, colocados por los Apóstoles, sus responsables y sucesores, deben tener un perfil de castidad, seriedad, buenos modales, buenos maestros desapegados de los bienes, no conflictivos, misericordiosos, no avaros, no recién convertidos porque el diablo los aprisiona. El Diácono debe ser responsable, cumplidor en el manejo del dinero, no dado a la bebida, muy sopesado, muy medido, y mantener el Misterio de la fe. La mujer en la Iglesia no debe ser chismosa, ser equilibrada, seria y cumplidora.
(3) Nos comunica un Himno Eucarístico, versículo 16: Se nos apareció hecho hombre y su causa triunfó, lo contemplaron los ángeles, proclamado ante todas las naciones, creído en el mundo, glorificado en los cielos. Se advierte contra los judaizantes y las enseñanzas de corte gnóstico que pretenden la salvación fuera de Cristo.
(4) Al final está el saludo propio litúrgico: ¡La Gracia sea con todos!

