Por: Esmirna Gómez.-
Con una invitación a mirar la fe más allá de las costumbres y las celebraciones, el Fray José Hilario Abreu presidió la Eucaristía del XXI Domingo del Tiempo Ordinario, en el quinto día de las fiestas Patronales en honor a Santa Mónica.
Durante la homilía, el sacerdote llevó la reflexión hacia una pregunta sencilla, pero profunda: ¿Quién es Jesús para nosotros?
A partir del Evangelio, recordó el momento en que Jesús preguntó a sus discípulos qué decía la gente sobre Él y luego les hizo una pregunta directa: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Fray José Hilario, explicó que Pedro no estaba dando una opinión más. Su respuesta era una profesión de fe, un reconocimiento de quién era verdaderamente Jesús.
Desde ahí, el sacerdote invitó a cada creyente a hacerse la misma pregunta. No basta, dijo, con conocer a Jesús porque se aprendió en la catequesis, porque los padres enseñaron la fe o porque se acostumbra asistir a misa. Tampoco se trata de buscarlo únicamente cuando llegan los problemas.
La pregunta es si realmente Jesús ocupa el centro de nuestra vida y es el fundamento de nuestra esperanza.
Al hablar de las fiestas patronales, Fray José Hilario pidió no quedarse solamente con las actividades, los encuentros y la alegría propia de estas celebraciones. Todo eso tiene su lugar, pero las fiestas cobran verdadero sentido cuando ayudan a acercarse nuevamente a Cristo.
En ese punto puso como ejemplo a Santa Mónica, una mujer que hizo de la oración y la perseverancia una forma de vida. Recordó especialmente sus años de oración por su familia y por la conversión de su hijo San Agustín, confiando en Dios aun cuando los resultados no llegaban.

Santa Mónica, señaló, enseña que hay momentos en los que toca orar, esperar y seguir confiando, aunque no se vea inmediatamente aquello que se está pidiendo.
El religioso también se detuvo en el significado de las llaves que Jesús entrega a Pedro. Explicó que representan autoridad, responsabilidad, servicio, y aclaró que las llaves no son para adueñarse de la Iglesia, sino para servir.
Desde esta reflexión llamó a saber abrir puertas a los jóvenes, a los niños, a las familias que pasan por dificultades, a los ancianos que se sienten solos y también a quienes se han alejado de la Iglesia.
“Hay que abrir esas puertas”, insistió, al señalar que muchas personas necesitan encontrar un espacio donde puedan acercarse nuevamente a Dios.
El Fray también recordó que los caminos de Dios son más grandes que los cálculos humanos y que, muchas veces, no se comprenden de inmediato las situaciones que se viven. Por eso, animó a no perder la confianza.
Al concluir, dejó una inquietud para estas fiestas patronales: ¿qué tipo de parroquia queremos ser? Una llena de actividades o una Iglesia viva, fraterna, misionera y enamorada de Jesucristo.

Con la mirada puesta en el ejemplo de Santa Mónica, pidió orar por las familias y aprender de ella a no cansarse de pedir, a esperar sin desesperarse y a caminar siempre de la mano de Cristo.

