Por Esmirna Gomez.-
Santo Domingo Este. – La Parroquia San Vicente de Paúl, del sector Los Mina, continuó este sabado su 2do dia de sus Fiestas Patronales con una Eucaristía presidida por el padre Tulio Cordero y concelebrada por el párroco, padre Jocelyn Antoine, CM.
La celebración tuvo un significado especial para el padre Cordero, quien durante su homilía hizo una pausa en la reflexión del Evangelio para compartir, por primera vez públicamente, parte de su historia personal vinculada a esta parroquia, donde dio sus primeros pasos en la fe y nació su vocación sacerdotal.
Con la naturalidad de quien vuelve a un lugar que guarda recuerdos de infancia, el sacerdote recordó que cuando tenía apenas seis o siete años corría por los alrededores de la antigua parroquia, cuando la iglesia y el colegio eran estructuras muy diferentes a las que hoy conoce la comunidad.
Entre sus recuerdos destacó la figura del padre Emilio Tobar, uno de los sacerdotes que marcaron aquella etapa. Relató que, durante los años de gobierno de Joaquín Balaguer, el sacerdote defendió la construcción de la iglesia, el colegio y una avenida que llevaría el nombre de San Vicente de Paúl.
También recordó una particularidad de la historia del templo: antes de convertirse definitivamente en iglesia, el espacio fue utilizado como escenario para competencias de lucha olímpica durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Pero más allá de las edificaciones, Cordero destacó lo que considera el verdadero patrimonio de la parroquia: las personas y las vocaciones que fueron creciendo en ella.
Recordó que siendo adolescente, junto a Nelson Vizcaíno y otros jóvenes, expresó al padre Tobar su deseo de ser sacerdote. Aunque inicialmente no fueron tomados en serio, posteriormente el sacerdote comenzó a formarlos. De aquel grupo, varios jóvenes tomaron distintos caminos y algunos ingresaron al seminario.
“Yo vi de niño cómo se fue formando toda la comunidad”, recordó Cordero, al mencionar a los catequistas que lo acompañaron, su experiencia como catequista desde los 14 años y el grupo de jóvenes al que perteneció.
Para el sacerdote, aquella historia demuestr tra que Dios puede hacer germinar una vocación en los lugares y circunstancias más sencillos.
Al entrar en la reflexión del Evangelio, el padre Tulio Cordero centró su mensaje en la parábola de los trabajadores de la viña y en la manera en que Dios mira a cada persona.
Explicó que la parábola puede resultar difícil de entender porque quienes trabajaron durante todo el día recibieron el mismo salario que aquellos que llegaron casi al final de la jornada. Sin embargo, señaló que precisamente ahí se encuentra el corazón del mensaje: Dios no actúa solamente desde la lógica de la justicia humana, sino también desde la misericordia, la bondad y el amor.

Advirtió que dentro de las comunidades cristianas puede aparecer la comparación y hasta la envidia cuando alguien que llegó más tarde comienza a asumir responsabilidades o a servir de manera destacada.
Por eso llamó a los fieles a no sentirse dueños de la fe ni superiores a quienes se incorporan después, recordando que “los primeros podrían convertirse en últimos” si pierden la humildad.
El sacerdote relacionó esta enseñanza con el bautismo , la vocación a la santidad, afirmando que la santidad nace , crece en el amor y que la caridad debe convertirse en compromiso concreto.
En otro de los momentos centrales de su homilía, Cordero recordó una enseñanza atribuida a Santa Teresa del Niño Jesús sobre la Iglesia como un cuerpo formado por muchos miembros, pero con un solo corazón: el corazón del amor.
A partir de esa imagen, invitó a los presentes a convertirse en verdaderos obreros de la viña del Señor, no movidos por intereses personales ni por el deseo de recibir más reconocimiento que los demás, sino por un amor generoso y desinteresado.
Recordó también una conocida expresión de San Vicente de Paúl: “El amor es inventivo hasta el infinito”, frase que hizo repetir a los presentes como parte de su mensaje.

Al concluir, el padre Tulio Cordero dejó una reflexión sobre la madurez en el amor. Explicó que una persona inmadura pregunta qué pueden hacer los demás por ella, mientras que quien ha madurado en el amor comienza a preguntarse qué puede hacer por los demás.
Con ese llamado a pasar de recibir a darse, el sacerdote cerró su reflexión, invitando a los fieles de San Vicente de Paúl a vivir estas fiestas patronales no solo como una celebración de su santo patrono, sino como una oportunidad para renovar el compromiso de servir, amar y caminar con humildad en la fe.

