Por Orlando Pimentel
Santo Domingo Este.— Las calles del sector Katanga se transformaron en un verdadero altar a cielo abierto cuando la parroquia San Vicente de Paúl salió en procesión para honrar a la Virgen de la Altagracia, en una manifestación de fe intensa, valiente y profundamente comprometida con el Evangelio. No fue solo una caminata religiosa: fue un clamor del pueblo, una proclamación pública de esperanza en medio de los desafíos que golpean a la sociedad.
La procesión partió desde la capilla Nuestra Señora de la Altagracia y recorrió distintos puntos del sector entre cantos, oraciones y gestos de devoción que estremecían el ambiente. Hombres, mujeres, jóvenes y adultos caminaron unidos, reafirmando que la fe sigue viva y que María continúa siendo refugio y fortaleza del pueblo creyente. El recorrido culminó con la celebración de la Santa Eucaristía, presidida por el párroco, padre Joselyn Antoine, CM, junto a los sacerdotes Encarnación Miguel, Dumy Delisca y el padre Samuel Renald
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En una homilía directa y profunda, el padre Samuel centró su mensaje en el “sí” radical de María, presentado no como un acto pasivo, sino como una decisión libre, consciente y valiente que cambió la historia de la humanidad. Recordó que, ante el anuncio del ángel Gabriel, María se reconoció como sierva del Señor, no desde la humillación, sino desde la total disponibilidad al plan de Dios.
“María no buscó privilegios ni poder; aceptó servir, y en ese servicio encontró la verdadera libertad”, afirmó el sacerdote, subrayando que la fe auténtica exige entrega, coherencia, fidelidad, incluso en medio de pruebas y sufrimientos. Señaló que María permaneció fiel hasta la cruz, convirtiéndose en modelo de fe para todo cristiano que enfrenta dificultades, incertidumbres y luchas cotidianas.
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El mensaje también resonó con fuerza social, al hacer referencia a la Carta Pastoral del Episcopado Dominicano, que llama a una profunda renovación del compromiso bautismal y a una respuesta concreta frente a realidades como la violencia, la corrupción y la injusticia. El padre Samuel Renald, exhortó a los fieles a no vivir una fe encerrada en los templos, sino a llevarla a las familias, a las calles y a los espacios donde la dignidad humana es amenazada.
Asimismo, fue enfático al aclarar que la devoción mariana auténtica siempre conduce a Jesucristo. “María no se anuncia a sí misma; nos señala a su Hijo y nos repite: hagan lo que Él les diga”, expresó, recordando que la Virgen es intercesora y modelo de santidad, nunca objeto de adoración.
La celebración concluyó con un llamado firme a ser cristianos coherentes, capaces de sembrar paz, justicia y esperanza en una sociedad herida, convencidos de que la gracia de Dios se multiplica en quienes, como María, se atreven a decir sí sin condiciones.
Con esta jornada de fe ardiente y comprometida, la parroquia San Vicente de Paúl dejó claro que la devoción a la Virgen de la Altagracia no es tradición vacía, sino fuerza viva que impulsa al pueblo a creer, resistir y caminar con esperanza.

