Por: Esmirna Gómez. –
Hay caminos que se cuentan en kilómetros y otros que se miden en años de entrega. El de Sor Altagracia Collado Rodríguez se mide en cinco décadas de un “sí” pronunciado ante Dios y sostenido con fidelidad, servicio y esperanza.
La comunidad se reunió para acompañar a la religiosa de la Congregación Misionera del Corazón de Jesús en la celebración de sus Bodas de Oro de consagración, en una Eucaristía marcada por la gratitud y la alegría, junto a sacerdotes, religiosas, familiares, amigos y miembros de la comunidad.
La celebración fue presidida por monseñor Faustino Burgos Brisman, CM, obispo de la Diócesis de Baní y administrador apostólico de la Diócesis de Barahona, quien estuvo acompañado por varios sacerdotes, entre ellos el padre Abraham Apolinario Abreu, vicario de Pastoral Social de la Arquidiócesis, y el padre Alejandro Paulino Peralta, CM, párroco de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.
Los cantos de la Eucaristía estuvieron a cargo del Coro del Banco Popular, que acompañó con sus voces este momento especial de acción de gracias.

Durante la homilía, monseñor Faustino Burgos Brisman destacó el valor de los 50 años de vida consagrada de Sor Altagracia, señalando que este aniversario representa mucho más que el paso del tiempo: es el resultado de una vida de entrega, servicio, pruebas y fidelidad al Señor.
El obispo recordó que la vida consagrada no está exenta de dificultades, cansancio y momentos de prueba, pero precisamente en esas circunstancias adquiere mayor valor el “sí” dado a Dios.
“Apuntar a Jesús, estar en Jesús, vivir en Jesús”, fue uno de los llamados de monseñor Burgos Brisman, quien exhortó a mantener a Cristo como el centro de toda vida consagrada y fuente de fortaleza para continuar sirviendo.
Al referirse a Sor Altagracia, destacó también el testimonio que ha ofrecido durante estas cinco décadas y la huella que ha dejado en las personas que han compartido con ella su camino de fe.

La celebración fue también una oportunidad para recordar que los 50 años de consagración representan una vida entregada a Dios mediante los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, puestos al servicio de la Iglesia y de los demás.
Al finalizar la Eucaristía, Sor Altagracia tomó la palabra para expresar su profundo agradecimiento a Dios, a sus padres, a la congregación que la acogió, a los sacerdotes, familiares, amigos y a todos los presentes que han formado parte de su historia.
Con emoción, reconoció el apoyo recibido durante estos 50 años y agradeció especialmente a quienes han caminado junto a ella, compartiendo alegrías, sacrificios y momentos importantes de su vida consagrada.
En sus palabras, pidió también recordar a los jóvenes y a los padres de este mundo, invitando a guardar un momento de silencio por ellos.
Tras agradecer a todos por acompañarla en esta celebración, Sor Altagracia resumió el espíritu que ha marcado su camino con una expresión sencilla, pero profundamente significativa:

Con el eslogan Dios es amor y nos ama “Y nos amamos.”
Con estas palabras, dejó como mensaje final que los cincuenta años de entrega no solo han estado marcados por el servicio y la fidelidad a Dios, sino también por el amor compartido con las personas que han formado parte de su historia.
Así concluyó una celebración en la que la comunidad no solo dio gracias por medio siglo de vida consagrada, sino que acompañó a Sor Altagracia en la renovación de ese “sí” que, cincuenta años después, continúa siendo una respuesta de amor y fidelidad al Señor.

