Por: Esmirna Gómez.-
Santo Domingo.— Entre abrazos, recuerdos y la alegría de familiares y amigos, José Federico Martínez Durán (Johnny) y Sandra A. Rodríguez de Martínez celebraron sus 50 años de matrimonio con una Eucaristía de Acción de Gracias, rodeados de sus hijos, nietos, seres queridos y una amplia representación del clero.
La celebración fue un momento de profunda gratitud por cinco décadas de vida compartida, marcadas por alegrías, dificultades y, sobre todo, por la presencia de Dios, a quien reconocen como fundamento de su unión.
La Eucaristía fue presidida por S.E.R. Mons. Ramón Benito Ángeles Fernández, Obispo Auxiliar Emérito de Santo Domingo, y concelebrada por los obispos José Amable Durán Tineo y Tomás Alejo Concepción, junto a Mons. Lorenzo Vargas Salazar y más de 20 sacerdotes.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando sus hijos, Johnny y Jennifer, colocaron nuevamente los anillos a sus padres, renovando simbólicamente la alianza matrimonial asumida hace medio siglo.

Un matrimonio sostenido por la fe
Durante la homilía, Mons. Lorenzo Vargas Salazar destacó la fidelidad de Dios y el testimonio de Johnny y Sandra, quienes han sabido responder con perseverancia y fidelidad a lo largo de estos 50 años.
“Es Dios en primer lugar que ha sido fiel en esos años de noviazgo y en sus cincuenta años de matrimonio”, expresó.
El sacerdote resaltó además el compromiso de la pareja con la pastoral matrimonial y familiar, acompañando a matrimonios, novios y familias y poniendo su experiencia al servicio de quienes necesitan orientación y apoyo.
Mons. Vargas recordó también que la familia está llamada a ser una iglesia doméstica, donde la fe se vive, se transmite y se fortalece.

Una historia que continúa
La celebración fue también una acción de gracias por la familia que Johnny y Sandra han formado y por el legado que continúa creciendo en sus cuatro nietos: Carina, Christopher, Jessica y Jesús.
Sus bodas de oro dejan un mensaje de esperanza para otras parejas: el matrimonio se construye cada día mediante el diálogo, el perdón, la fe, la perseverancia y la decisión de caminar juntos.
Para Johnny y Sandra, estos 50 años no representan el final del camino, sino una nueva etapa para agradecer a Dios lo vivido y continuar poniendo en sus manos los años que aún les quedan por compartir.

