Por Esmirna Gómez.-
Santo Domingo.— Entre fe, memoria y acción de gracias, la Iglesia dominicana conmemoró los 485 años de la dedicación de la Catedral Primada de América, templo que durante casi cinco siglos ha sido testigo de la evangelización, la historia y la vida espiritual del pueblo dominicano
La celebración fue presidida por el obispo coadjutor Mons. Carlos Tomás Morel Diplán y concelebrada por Mons. Faustino Burgos Brisman, C.M., obispo de la Diócesis de Baní, y Mons. Benito Ángeles de la Rosa, obispo emérito de Santo Domingo.

Durante su homilía, Mons. Morel Diplán invitó a contemplar la Catedral no solo como una obra arquitectónica, sino como un lugar vivo de encuentro con Dios y de comunión eclesial. Recordó que este templo nació estrechamente vinculado a la misión evangelizadora de la Iglesia en el Nuevo Mundo y que, a lo largo de los siglos, ha acogido a generaciones que han encontrado en él un espacio para la oración, la esperanza y la celebración de la fe.
El prelado destacó además que la Catedral es la Iglesia Madre de la diócesis, signo visible de unidad y sede desde donde el obispo ejerce su misión de enseñar, santificar y guiar al pueblo de Dios. También resaltó su riqueza artística y arquitectónica como un camino que puede conducir al encuentro con el Señor.

Al reflexionar sobre Nuestra Señora de la Encarnación, patrona de la Catedral, presentó a María como modelo de humildad, obediencia, fe y entrega a la voluntad de Dios.
Asimismo, a partir del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, llamó a redescubrir el verdadero sentido de la adoración, recordando que “adorar en espíritu y en verdad” implica una fe que trasciende los rituales externos y se expresa en una vida transformada por Cristo y guiada por el Espíritu Santo.

