Padre Manuel Antonio García Salcedo. PhD y Postdoctorado en Teología Católica.
Biblia y vida.
Arquidiócesis de Santo Domingo
FILEMÓN:
San Pablo prisionero, junto a Timoteo, es responsable de la Comunidad Eucarística a la que pertenece Filemón.
A diferencia de sus otras Epístolas de propia impronta, se dirige esta vez de persona a persona. En el versículo 3 hace el saludo inicial: Gracia y paz de parte de Dios nuestro padre y de Cristo Jesús el Señor a los Santos o Hermanos bautizados en Cristo que comulgan de la misma Mesa y tienen una misma vocación eclesial en el Espíritu Santo.
Dando gracias o Eucaristía, San Pablo escribe a Filemón haciendo las veces de Padre. Se hace llamar Anciano en el versículo 9 o Presbítero. Ostenta el título del Preso de Cristo Jesús.
El motivo del escrito es el caso de Onésimo, un esclavo que escapó de la casa de Filemón. Los esclavos eran el botín de guerra o quienes no podían pagar sus impuestos y eran vendidos junto con toda su familia, llevados cada uno a diversos rumbos. Más nunca volverán a verse, y los amos podían disponer a su antojo de ellos. De suponer que se cometían todo tipo de abusos.
El nombre del esclavo, Onésimo, más que un nombre, es la designación de su función: el que es útil, el que sirve para algo o cualquier cosa, el que está siempre disponible para hacer todo. El Apóstol le llama; mi hijo, conforme a su identidad bautismal, miembro de la Comunidad Cristiana.
En aquella época si los esclavos escapaban y se les alcanzaba con vida, les esperaba la muerte a su vuelta después de un sin fin de torturas ejemplarizantes. San Pablo escribe, versículo 10, a Filemón, un personaje muy importante e influyente: yo te lo pagaré, en alusión a todas las pérdidas económicas que pudo sufrir el amo del esclavo con su ausencia. Pide que lo reciba de nuevo y en la Comunidad como si nada hubiera pasado con Onésimo.
Solo hasta los años 50s del siglo XX comienza la emancipación de razas y estratos sociales en occidente, pero en la actualidad muchos empleados laborales son tratados como verdaderos esclavos.
Al finalizar la carta paulina se menciona a compañeros en el apostolado que le alivian la cárcel, San Marcos y San Lucas. Termina el escrito con el saludo de la habitual bendición del Apóstol de los Gentiles incluido en las celebraciones litúrgicas de la Comunidad Cristiana: ¡Que la gracia de Cristo Jesús, el Señor esté con todos ustedes!, concluyendo con el Amén de la asamblea.

