SANTIAGO, República Dominicana. – Miles de fieles católicos participaron este jueves 4 de junio en la celebración de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi), organizada por la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros, en una jornada de fe que congregó a sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de toda la provincia.
Las actividades iniciaron a las 7:00 de la mañana con una multitudinaria procesión que partió desde la Catedral Santiago Apóstol El Mayor hasta el Estadio Cibao, donde posteriormente se celebró la Santa Misa presidida por el arzobispo metropolitano de Santiago, , acompañado por el clero arquidiocesano.
Durante su homilía, monseñor Rodríguez destacó que la Eucaristía es “el Pan vivo bajado del cielo”, alimento espiritual que fortalece a los creyentes en medio de las dificultades y desafíos de la vida cotidiana. Asimismo, recordó que la comunión con Cristo implica un compromiso concreto con la solidaridad, la justicia, la reconciliación y la defensa de la dignidad humana.

El prelado expresó su preocupación por diversas problemáticas que afectan a la sociedad dominicana, haciendo un llamado a combatir la violencia en todas sus manifestaciones, especialmente la violencia intrafamiliar y los feminicidios, que calificó como una realidad dolorosa que hiere profundamente a las familias y comunidades.
Además, advirtió sobre el creciente deterioro de la salud mental y el aumento de la violencia psicológica y emocional, señalando la necesidad de promover una cultura del respeto, la escucha, el acompañamiento y el cuidado integral de las personas.
En su mensaje también exhortó a los fieles a asumir un compromiso responsable con el cuidado de la creación, recordando que la fe cristiana exige proteger los recursos naturales y preservar la casa común para las futuras generaciones.
“La Eucaristía no se reduce a un acto litúrgico, sino que debe reflejarse en una vida marcada por el amor, el perdón, la justicia y el servicio generoso”, expresó el arzobispo, al tiempo que invitó a los presentes a convertirse en signos visibles de esperanza y reconciliación en medio de un mundo marcado por la violencia, la indiferencia y el vacío espiritual.
La celebración concluyó en un ambiente de profunda devoción y alegría, reafirmando la fe del pueblo católico de Santiago y su compromiso de llevar el mensaje de Cristo a las familias, los enfermos, los pobres y las periferias humanas y espirituales de la sociedad.

