Por: Esmirna Gómez.-
SANTO DOMINGO. — Con una Eucaristía de acción de gracias por sus 75 años de vida y diez años como arzobispo metropolitano de Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria Acosta expresó su gratitud a Dios por su familia, su vocación sacerdotal y episcopal, y los frutos de su ministerio al servicio de la Iglesia.
La celebración reunió a obispos, vicarios episcopales, sacerdotes, diáconos, ministros, representantes de la vida consagrada, fieles y laicos. La Eucaristía fue concelebrada por monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, monseñor Ramón Benito Ángeles y monseñor Julio César Corniel Amaro, obispo de la Diócesis de Puerto Plata, junto a otros representantes de la Iglesia.
Durante su homilía, el arzobispo destacó el papel de la familia como primera escuela de la fe, agradeciendo a Dios por el hogar donde recibió los valores humanos y cristianos que contribuyeron al despertar de su vocación sacerdotal. En ese sentido, exhortó a valorar el ambiente familiar como espacio fundamental para el surgimiento y acompañamiento de nuevas vocaciones en la Iglesia.

Al reflexionar sobre el sacerdocio, explicó que ha procurado vivir su ministerio siguiendo el ejemplo de Jesucristo, cuya entrega en la cruz constituye un camino de vida y liberación. Reafirmó que su misión ha sido servir y contribuir al crecimiento de la Iglesia, sin buscar protagonismo personal, sino procurando transformar las realidades pastorales desde el Evangelio.
Asimismo, recordó su experiencia en la pastoral vocacional de la entonces Diócesis de San Francisco de Macorís, donde fortaleció su compromiso con la promoción y el acompañamiento de futuros sacerdotes. Como fruto de esta labor, destacó su servicio episcopal en San Pedro de Macorís, donde encontró 13 sacerdotes y dos seminaristas, y tras 19 años y cinco meses dejó 29 sacerdotes diocesanos, 26 seminaristas y un seminario menor.
Monseñor Ozoria también agradeció a Dios por la misión que le permitió asumir como obispo y arzobispo metropolitano de Santo Domingo. De manera especial, expresó su gratitud al papa Francisco por su nombramiento y valoró la continuidad del impulso del Concilio Vaticano II, particularmente en la construcción de una Iglesia sinodal, entendida como comunión y corresponsabilidad, orientación que vinculó también al pontificado del papa León XIV.
Al referirse a sus 75 años, aclaró que la celebración no representaba una despedida definitiva de la Iglesia local.
Explicó que la renuncia al gobierno pastoral correspondiente a esta edad no significa dejar de ser obispo ni sacerdote, pues permanecerá vinculado a la comunidad como arzobispo emérito, mientras Dios se lo permita.

La Eucaristía se convirtió en una ocasión para agradecer por el don de la vida, la familia, el sacerdocio y los años de servicio episcopal. Como mensaje central, monseñor Francisco Ozoria invitó a vivir la vocación desde la entrega, promover nuevas vocaciones y ejercer el ministerio con la mirada puesta en Jesucristo, haciendo del servicio y del crecimiento de la Iglesia el centro de toda misión pastoral.

