Por Esmirna Gómez .-
Santo Domingo . – Más que contar el tiempo transcurrido, Fray José Hilario Abreu, OSA, aprovechó la celebración de su tercer aniversario sacerdotal para hacer una mirada profunda a las experiencias, rostros y enseñanzas que han marcado su vida durante estos tres años de ministerio.
En su reflexión, el religioso reconoció que el sacerdocio le ha permitido descubrir una realidad que va más allá del altar: la riqueza humana de las comunidades y la capacidad de las personas para enseñar, acompañar y fortalecer la fe de quienes llegan a servirles.
“Quiero comenzar solamente diciendo gracias”, expresó Fray José Hilario, OSA al recordar que su vocación ha sido un regalo que le ha permitido experimentar a Dios en medio de las circunstancias fáciles y también en aquellas que han representado mayores desafíos.
Su paso por distintas comunidades, especialmente su experiencia pastoral en La Vega ocupa un lugar importante en ese recorrido. Allí comprendió que una parroquia no es simplemente un templo ni un conjunto de actividades, sino una comunidad que se convierte en familia, donde sus miembros comparten alegrías, preocupaciones, luchas y esperanzas.

Fray José Hilario, OSA, también habló de una de las grandes lecciones que ha recibido como sacerdote: quien llega pensando que solamente va a enseñar, muchas veces termina aprendiendo de aquellos a quienes pretende servir.
La gente sencilla, sus testimonios y su manera de vivir la fe han dejado huellas en su ministerio. Esa misma experiencia, asegura, continúa ahora en su labor pastoral en Santa María Reina, donde procura caminar junto a las personas, escuchar sus historias y estar cerca tanto de sus momentos de alegría como de sus momentos de dolor.
“Piensa que va a acompañar, pero termina siendo también acompañado”, expresó.
Al hacer balance de estos tres años, el sacerdote aseguró que su mayor riqueza no puede medirse en números. Son las personas y las comunidades las que han dado verdadero significado a su ministerio.
Niños, adultos, familias, servidores, religiosos, sacerdotes y amigos forman parte de esa gran experiencia que, según sus palabras, le ha permitido recibir oraciones, consejos, correcciones, enseñanzas y oportunidades para crecer.
“Hoy puedo decir con certeza que he recibido mucho más de lo que he dado”, afirmó.
Para Fray José Hilario, OSA, el aniversario también representa una oportunidad para reafirmar el tipo de sacerdote que desea seguir siendo: uno cercano, dispuesto a escuchar, acompañar al que sufre, anunciar la Palabra y celebrar la Eucaristía desde la misericordia.
Su deseo es que las personas que se encuentren con él no se queden únicamente con la imagen del sacerdote, sino que puedan descubrir, a través de sus palabras y acciones, algún reflejo del rostro de Cristo.
Así, sus tres primeros años de sacerdocio no los presenta como una meta alcanzada, sino como una etapa de un camino que continúa escribiéndose con fe, servicio y, sobre todo, con gratitud por cada persona que Dios ha puesto en su recorrido.

