Por: Esmirna Gómez. –
Santo Domingo Este.-La celebración del segundo día de las fiestas patronales de la parroquia Asunción de Nuestra Señora tuvo un significado especial para 25 personas entre jóvenes y niños que, rodeados de sus familiares, padrinos y de toda la comunidad parroquial, dieron un nuevo paso en su camino de fe al recibir el sacramento de la Confirmación.
La Eucaristía fue presidida por monseñor Manuel Antonio Ruiz, obispo de la Diócesis Stella Maris, quien llegó a la comunidad para acompañar a los confirmados en este momento importante de sus vidas. La celebración fue concelebrada por el párroco, padre Víctor Fabio Pérez Gómez, y contó con la participación del diácono Rafael Martínez.
Desde el inicio de la celebración se percibía un ambiente diferente. Para las familias no se trataba simplemente de asistir a una misa más dentro de las fiestas patronales; era la oportunidad de acompañar a sus hijos en un momento que representa el crecimiento y fortalecimiento de su vida cristiana.
Durante la homilía, monseñor Ruiz desarrolló el tema “María, Madre y Modelo del Bautizado”, y centró su reflexión en el significado de recibir el Espíritu Santo y en la responsabilidad que nace junto con este sacramento.

El obispo explicó que la Confirmación no debe verse como el final de un proceso de catequesis, sino como el comienzo de una misión. Quienes reciben el Espíritu Santo son llamados a dejarse transformar y a convertirse en testigos de Jesucristo allí donde les corresponda vivir.
“Recibimos una gracia, recibimos esta uncion y recibimos una misión. Somos enviados entonces como apóstoles para llevar la buena noticia”, expresó monseñor Ruiz.
A lo largo de su reflexión, el obispo insistió en que cada persona ha recibido dones que deben ponerse al servicio de Dios y de los demás. No todos tienen las mismas capacidades, pero todos pueden contribuir a la misión de la Iglesia.
En ese sentido, invitó a los presentes a descubrir que también se evangeliza cuando se escucha, se acompaña, se acoge o se ayuda a alguien que lo necesita.
Monseñor Ruiz también llevó su mensaje a un terreno muy cotidiano al recordar que Dios ha entregado innumerables regalos a cada persona, comenzando por la propia vida. La capacidad de ver, caminar, escuchar, respirar y compartir con la familia son gracias que muchas veces se dan por sentadas.
Por eso, planteó la necesidad de mirar hacia dentro y preguntarse qué se está haciendo con todo aquello que Dios ha regalado.
“El Señor invierte, el Señor siembra, el Señor nos está ungiendo, y eso tiene que dar frutos”, afirmó.
Uno de los momentos más cercanos de la homilía fue cuando habló directamente a los padrinos y madrinas. Les recordó que su responsabilidad no termina con la ceremonia de Confirmación ni con la fotografía del día, sino que comienza una etapa de acompañamiento en la vida de sus ahijados.

Los exhortó a interesarse por ellos, preguntarles si están asistiendo a misa, si continúan en la catequesis y si participan en alguna comunidad o servicio de la Iglesia.
También dirigió unas palabras a los padres de los confirmados, a quienes recordó que tienen un papel fundamental en el crecimiento espiritual de sus hijos. La familia, señaló, está llamada a acompañar con el ejemplo y a ayudar a que la fe recibida pueda crecer y convertirse en una forma de vida.
Al concluir la Eucaristía, los niños Saúl Miguel y Felipe de Jesús, en representación de los 25 confirmados, expresaron su agradecimiento por la celebración y por todas las personas que los acompañaron durante este proceso de preparación.
La jornada dejó en la comunidad un mensaje que va más allá de la ceremonia: la Confirmación no es una meta donde termina el camino, sino una invitación a comenzar una nueva etapa con mayor compromiso.
En el marco de las fiestas patronales de la Asunción de Nuestra Señora la comunidad celebró así no solo a su patrona, sino también la fe de una nueva generación que, fortalecida por el Espíritu Santo, está llamada a dar testimonio de Cristo con sus palabras, sus acciones y, sobre todo, con la manera en que vive.

