Por: Esmirna Gómez.-
Santo Domingo Este.– La Catedral de Stella Maris abrió sus puertas este jueves para celebrar la festividad de la Virgen del Carmen, una fecha que reunió a familias, niños que recibieron su Primera Comunión, religiosas y fieles de distintas comunidades en una Eucaristía presidida por Mons. Manuel Antonio Ruiz de la Rosa.
Durante la celebración, el obispo invitó a los presentes a contemplar el verdadero papel de la Virgen María en la vida cristiana: conducir siempre a las personas hacia Jesucristo.
Al desarrollar su homilía, recordó el pasaje de la Visitación, cuando María visitó a su prima Isabel llevando a Jesús en su vientre. Explicó que la presencia del Salvador hizo que Juan el Bautista saltara de gozo antes de nacer, convirtiéndose ese momento en una muestra de la misión que la Virgen ha desempeñado desde el inicio de la historia de la salvación.
«Antes de que Jesús naciera, María ya estaba llevando a las personas a su encuentro. Esa ha sido siempre su misión y por eso toda su grandeza está unida a Cristo», expresó.
Mons. Ruiz explicó que, aunque la Madre de Dios es venerada bajo diferentes advocaciones, todas hacen referencia a la misma María, cuya misión permanece intacta: señalar el camino hacia Jesús. En ese contexto, destacó que la Virgen del Carmen, conocida también como Stella Maris o Estrella del Mar, representa a quien guía a los navegantes hasta un puerto seguro, del mismo modo que conduce espiritualmente a quienes buscan a Cristo.
Uno de los momentos centrales de la homilía fue la reflexión sobre el escapulario de la Virgen del Carmen. El obispo aclaró que no debe verse como un objeto con poderes extraordinarios ni como una garantía automática de salvación.
«El escapulario no es un amuleto mágico. Es un signo que nos recuerda el compromiso de vivir según el Evangelio, participar en la Eucaristía, practicar la caridad y caminar cada día hacia la santidad», afirmó.
Precisó que portar un escapulario, un rosario o un crucifijo solo adquiere verdadero sentido cuando esos signos motivan una vida coherente con las enseñanzas de Jesucristo.
«María no nos lleva hacia ella misma; nos lleva siempre hacia Jesús», insistió.
La celebración estuvo marcada también por la Primera Comunión de varios niños y niñas, a quienes el obispo dirigió un mensaje especial. Los animó a comprender que ese sacramento representa el inicio de una vida de encuentro permanente con Cristo y no un acontecimiento que termina al finalizar la ceremonia.
«La primera comunión no puede quedarse solo en la primera. Después viene la segunda, la tercera y todas las demás. No desaparezcan de la Iglesia después de este día. Cristo quiere seguir alimentándolos cada domingo», exhortó.
Asimismo, pidió a los padres y catequistas acompañar a los niños en ese camino para que continúen creciendo en la vida sacramental y en el servicio a la comunidad.
Durante la Eucaristía también saludó a un grupo de religiosas y jóvenes que participan en una experiencia vocacional de quince días, agradeciendo el testimonio de las consagradas y animando a las participantes a dejarse transformar por esta vivencia.
Al concluir la celebración, Mons. Manuel Antonio Ruiz recordó que Jesús, desde la cruz, entregó su Madre a toda la Iglesia y afirmó que ese regalo sigue siendo una guía segura para los creyentes.
«María es la Estrella del Mar que continúa señalándonos el camino hacia Jesucristo. Dejémonos conducir por ella para que nuestras familias, nuestra Iglesia y el mundo entero permanezcan siempre junto al Señor», concluyó.

