Biblia y vida
Padre Manuel Antonio García Salcedo, PhD y Posdoctorado en Teología Católica
ISAÍAS: El profeta Isaías, el más extenso de todos en este género, abarca el periodo del Destierro, la vuelta y el recuperar la identidad religiosa que va ligada al restablecimiento de la nación. Entre todos los dioses que han conocido en el cautiverio el Señor es el Dios de los dioses. El problema permanente es el culto vacío, hueco, solo de palabras y actos externos. La vida va por otro rumbo y el corazón está vendido a muchos intereses ajenos y fuera de la ley. El movimiento profético llega a Israel y a Judá, los reinos divididos después de la muerte del Rey Salomón, de pésima administración y carestía general en sus últimos años. En el sur la escuela del Profeta Isaías comienza su labor de denuncia. Los discípulos marcan la pauta para aquellos que han de volver de Babilonia décadas después y un último conjunto de escritos tienen la intención de dar fortaleza y fidelidad de parte del Dios vivo a esta empresa nacional. Nos referimos a la división clásica del primer, segundo y tercer Isaías. Se han agrupado en un solo tomo actualmente, con inclusiones variadas de otras épocas y géneros literarios, apocalípticos y poéticos entre otros.
PRIMER ISAÍAS 1-39: El primer tramo inicia con la reprobación de Dios a su Pueblo en concordancia con los profetas del norte quienes acusan de una religiosidad de fechas, prácticas rituales y actos externos que se distancia de la justicia, deshacen el derecho del oprimido y abusan del huérfano y la viuda. Esto se llama pecado. La promesa de los pecados rojos del pueblo, si se arrepiente, quedarán blancos como la nieve indica la necesidad de la redención de Yahveh y de conversión de su Pueblo. Jerusalén ha de ser la ciudad de justicia y fiel. De ser así reinará la paz, de lo contrario vendrá la desgracia que en la persona de sus gobernantes acarrearán. La paz es promesa de Dios, pero para alcanzarla se necesita caminar en luz. Un título aparece: El Señor de los Ejércitos en consideración de una nación pequeña, débil y en crisis. El orgullo, la soberbia, los ídolos atentan contra la vida de la Ciudad de Dios, Jerusalén. Un cántico de alabanzas clama al Dios de la vida por rectitud, ayuda a los oprimidos e inteligencia para que el pueblo entienda cual es la finalidad de su destierro: los ricos con el bien han de restablecer la Viña del Señor y dejar su orgullo de lado (1-5). En el capítulo 6 está el llamado del profeta elegido de labios impuros, ungido con el tizón en sus labios, después de escuchar en el templo la Gloria de Dios con el coro celestial del Santo, Santo, Santo. Envíame a mi… es la respuesta del profeta. Capítulo 7, recoge la promesa hecha a la descendencia de David de la venida del Emmanuel, Dios que siempre esta nosotros, nacido de una Virgen (traducción de San Jerónimo conforme a la fe católica). Anuncio del mesías o ungido, Admirable Consejero, Padre Eterno, Dios fuerte, príncipe de Paz. El Dios que se esconde, se manifestará en un Niño Nacido que nos será dado. Su misión es retirar definitivamente a los que cultivan la opresión. El Espíritu de Dios reposa sobre él con sabiduría e inteligencia, prudencia y valentía, conocimiento y respeto de Yahvé. La naturaleza hostil cohabitara en la paz por ese Niño. El conocimiento del Señor llenara la tierra como las aguas cubren el mar. La nación opresora e idolatra de Babilonia será diezmada. Nación que figura en la Historia Sagrada como dominio de Satanás en este mundo transitorio y alejado de Dios. Aviso para las naciones que atormentan al Pueblo de Dios, aunque prisionero, ha de darse cuenta de que el comer y el beber tienen una finalidad superior al esperar la muerte entre risas y fiestas. Las armas no tienen el poderío último. Sera el Rey de justicia que conseguirá la liberación gloriosa de Israel. Se aproxima la liberación (8-39).
SEGUNDO ISAÍAS 40-55: Esta sección marca el retorno del exilio de babilonia y la marcha de vuelta por el desierto, una nueva creación, un nuevo éxodo, bajo la dirección del Siervo o Cordero de Yahvé. Voz del que clama en el desierto, enderezar y aplanar las colinas, abrir camino al Señor para que todos vean su Salvación. La grandeza de Dios se manifestará a través de un nuevo caudillo, Ciro, el Persa que derrota a Babilonia y emplea un estilo de mando contrario a la nación que dómino el oriente medio; vuelta de los esclavos a su tierra, libertad de culto y autoregencia de sus instancias nacionales. Los cuatro cánticos del Siervo que se proclaman como primera lectura en la parte penitencial de la Semana Santa, capítulos 42, 49, 50 y 53 fueron la referencia para los Evangelistas y los Padres de la Iglesia presentaran el rostro, el accionar y el carácter del Redentor del universo: Jesucristo. Por sus heridas hemos sido sanados, eran nuestras culpas siendo inocente las que cargaba hasta la muerte, pero el Siervo verá la luz. Esto hará del pueblo de Dios una madre fértil y fiel al Señor. El desierto se convertirá en lugar de aguas para calmar la sed, caerá la lluvia y no volverá al cielo hasta que cumpla la misión de Dios, su Palabra recreará la tierra.
TERCER ISAÍAS 56-66: Todos son convocados a instaurar la justicia y la paz, fruto de la religión verdadera: pan para el hambriento, techo para los pobres, vestido al desnudo, dar el frente a las necesidades del hermano. De esta manera se sanan las propias heridas. Este es el verdadero ayuno si se retira el rostro amenazante. La penitencia es el camino seguro para que el pueblo se levante y resplandezca para que la gloria de Dios brille sobre todos ellos. Se manifiesta definitivamente un Rey nacido del propio pueblo y el Espíritu de Dios lo ungirá para llevar buenas noticias a los humildes, consuelo al abatido, sanación a los corazones rotos y cambio de ropa de luto en traje de felicidad. El Pueblo ha de clamar para que el mismo Dios abra los cielos y baje. Entonces se darán portentos que ni oído escuchó ni ojo vió. Habrá un cielo y una tierra nuevos precedida por el juicio a los malos y buenos, nacerá la Nueva Jerusalén como novia engalanada para el Reinado de Dios. Todo cumplido en la persona de Jesucristo y su Esposa la Iglesia.
JEREMIAS: Hacia el año 626 AC, un joven, hijo de una familia de sacerdotes de la Antigua Alianza recibe el llamado a ser profeta de Dios para todas las naciones de la tierra ante la inminente caída de la Nación Santa por los pecados cometidos por ella. La vocación de Jeremías es paradigma de toda vocación cristiana que tiene la misión de edificar y plantar donde ha ocurrido la destrucción. Desde el vientre de su madre es llamado, y las palabras que salgan de su boca irán en consonancia, por su entrega por entero, con la voluntad de hacer avanzar la historia por parte de Dios mismo en favor de todos los pueblos. El abandono de Dios a cambio de los propios proyectos es la primera denuncia del profeta. Para volver a Dios y a la prosperidad por Él prometida hay que pasar por un proceso de conversión que debe pasar por la pesadilla viviente de la invasión de pueblos que una vez se pretendió hacer acuerdos con ellos en un espíritu diferente a la ley de Dios. El templo y la religión como prácticas externas que aseguran favores divinos independientemente de la actuación moral sana de los creyentes no son garantías de que lo que se hace favorecerá a los gobernantes, a los sacerdotes y al pueblo en general (capítulos 1-9). La verdadera sabiduría, valentía y riqueza están en la acogida que se haga de la Palabra del Señor. Esta fue la actitud del Rey Josías que da inicio en el libro profético a la sección de la reforma que este monarca realizó conforme a la Ley de Dios. Una vuelta al espíritu de los inicios de la Nación Santa basados en la justicia y la pureza de las intenciones del corazón del hombre. Comienzan en esta sección los gestos simbólicos por parte del profeta para explicar al pueblo el mensaje del Señor de los Ejércitos: vasijas de barro, cinturones, cepos al cuello, canastos con higos, entre otros. La intención es mostrar la falta del pueblo, su autoengaño y la necesidad de descubrir a Dios por encima de todas las cosas, actuando concomitantemente con sus mandatos. El capítulo 23 de los malos pastores del rebaño del Yahvé, el Dios de la Alianza, costará al profeta pasar por el juicio y pasión dolorosa, anuncio de lo que Jesucristo, nuestro Dios y Señor, atravesará hasta llegar a la cruz redentora del Calvario. Por haber hecho esto, el pueblo será desterrado de la tierra de la promesa (10-29). La tercera sección temática contiene oráculos de lo que el futuro depara a los que confían en el Señor. La promesa será de paz y restauración para Israel. La vuelta a la patria será una Nueva Alianza escrita en el corazón y con la cual todos conocerán al Señor. Las naciones extranjeras que no siguen esta alianza definitiva tendrán la suerte del exterminio que ellas acarreaban sobre los que hacían guerra. Mientras, también Judá pagara el precio del destierro por haber rechazado el Libro de los mandatos de Dios y haber martirizado a su profeta verdadero (30-52).
EZEQUIEL: Después del destierro vendrá la vuelta, una nueva andanza por todo el desierto, un hijo de hombre recibe el Libro de Dios que debe comer, comulgar, dulce al paladar, amargo al estómago. Esta vez toda la creación de Dios, gran carruaje de vivientes, (narración de género apocalíptico o imágenes llamativas para captar la atención pedagógicamente) será la receptora de la Gloria de Dios que ha de volver al Templo Santo que una vez abandonó por culpa del pecado del Pueblo que practicaba un culto meramente externo. El drama aquí narrado de manera literaria simbólica es la situación caótica de los grupos humanos desposeídos de todo. Los falsos profetas desorientan a los que hacen el mal como a los que se dejan guiar por ellos. Son un obstáculo para alcanzar la voluntad de Dios (capítulos 1-15). El corazón del libro puede ser el capítulo 16, la creatura recién nacida y abandonada a su suerte, necesitada del auxilio de su hacedor al que le había dado la espalda en su juventud pasada con muchas infidelidades. Un eco del profeta Oseas, que despierta la ternura y la compasión del alma más endurecida. Se anuncia la esperanza de la posibilidad de conversión para el pecador, no su muerte, y la exterminación de su pecado. Israel y Judá por igual son culpables de los crímenes realizados en la Ciudad Santa, situación que el profeta ejemplifica con la muerte natural de su esposa mientras el sacerdote profeta anunciaba el mensaje de Dios. Los reyes extranjeros que corrompieron al pueblo también sufrirán las consecuencias de sus actos. (16-32). La última sección del libro está compuesta de imágenes apocalípticas que servirán en gran medida a la composición del libro neo-testamentario del Apocalipsis de San Juan: Los pastores de Israel que sacrificaron al rebaño por su propio interés fueron anulados de la historia, el corazón de piedra del pueblo cambiado por uno de carne, Nueva Alianza por el Espíritu de Yahvéh que hará nacer del desierto como viento de vida un valle de hijos de Dios, antes un cementerio de huesos secos. Un nuevo culto al único Dios y a su ley escrita en los corazones, un Templo nuevo que brota como un paraíso gracias al rio que lo inunda dará el fruto de un árbol con hojas medicinales y frutos de salvación, anuncios de la Iglesia, sus sacramentos y la vida de la gracia (33-48).
DANIEL: Con el último de los profetas mayores permite echar una mirada al pasado para enfrentar los desafíos del presente. Si por su extensión es uno de los Profetas Mayores, por su contenido es uno de los más tardíos. Los invasores de cultura griega con su politeísmo, culto al cuerpo físico y a la ciencia del pensamiento, así como su dominación política y económica, quisieron suplantar al Templo, al Rey Ungido, a la Fe en el Dios de Israel, Único y Verdadero. La persecución y las rebeliones se sucedieron por un largo periodo con los nativos. La manera de llevar fortaleza y sustento de la religión de los judíos fue recurrir al género literario apocalíptico, camino que no indica cosas futuras catastróficas. Es revelación de Dios que acompaña y asiste a su pueblo. El método empleado son las imágenes, las simbologías, los personajes y los acontecimientos a gran escala que han de ser descifrados desde el mismo espacio en que fueron tomados: la cultura religiosa del Pueblo de Dios. El escenario que se elegía para las diversas narraciones, en diversos tiempos y lugares escritas, en idioma hebrero y algunos pasajes en griego, se retrotraen al tiempo del exilio en Babilonia, donde muchos miembros aventajados recibieron nombramientos de colaboración cercana con el emperador déspota, Nabucodonosor, como figura del gobernante griego que buscaba terminar con todo lo que fuera parte del Pueblo creyente que se resistía a incluir el helenismo en su estilo y creencias de vida. Volvemos a acotar que Daniel no anuncia desgracias por venir y fatalismos terroríficos. Son historias motivadoras a la fidelidad a la Alianza de Dios con su Pueblo 200 años antes de Cristo y de pasajes codificados con simbologías para denunciar la situación del momento de opresión que se sufría por los extranjeros quienes se habían apoderado de dicha nación consagrada a Dios. Estas últimas afirmaciones se han de aplicar a las secciones y libros que fueron escritos en genero apocalíptico en la Biblia, en especial, el Apocalipsis de San Juan. El libro está agrupado en 14 capítulos. En una Biblia de traducción no católica no se encontrarán textos y capítulos que fueron escritos en griego. La primera sección del libro corresponde a las peripecias, dificultades extremas que sufre Daniel, el intérprete de sueños. Sufre hasta al extremo de casi perder la vida por mantener su fidelidad a las prescripciones alimenticias de la Antigua Alianza. Su acercamiento y colaboración con el emperador Nabucodonosor le proporciona una tensa y angustiosa calma y salvaguarda de su vida y la del Pueblo (capítulos 1-3). El tercer capítulo contiene la historia teológica-litúrgica de los 3 jóvenes echados a las llamas encendidas por negarse a adorar la estatua de bronce del emperador. El cántico presentado es usado los domingos y solemnidades para la Liturgia de Horas en la Laudes. Los delirios, locuras y megalomanía del emperador y su proyecto de dominación absoluta e injusta desencadenan que Daniel sea arrojado a la fosa fatal llena de leones, los que por la providencia y protección de aquel sobre quien reposa el Espíritu de Dios, no les harán daño (cap. 4-6). La historia de la humanidad se desarrolla entre el surgimiento de imperios conquistadores que no logran alcanzar el beneficio deseado por Dios para los habitantes de aquellas tierras. Es necesario el Hijo del Hombre, figura retomada por los Evangelios y el Apocalipsis de San Juan para referirse a Jesucristo, Salvador y Señor Resucitado. Ante tal necesidad, Daniel hace de Sacerdote, liturgo mediador ante Dios para que perdone la falta de su Pueblo ante el juicio final inminente (7-12). Concluye la obra con la Historia de la inocente Susana acusada por dos ancianos maestros injustos, y salvada por la mediación de Daniel, quien luego enfrenta con éxito a los sacerdotes de Bel (13-14). Al final el rey adorará al Dios de Daniel.

