Por Esmirna Gómez.-
Santo Domingo Este. En medio del bullicio habitual de la Plaza Megacentro, en el sector Los Mina, el silencio se hizo profundo cuando Monseñor Manuel Antonio Ruiz elevó su voz para marcar el inicio de la Cuaresma con una Eucaristía que estremeció corazones este Miércoles de Ceniza.
Ante cientos de fieles que se congregaron con fe y esperanza, el obispo celebró la Santa Eucaristia acompañado por el P. Alejandro Valera, vicario general de la Diócesis Stella Maris, el P. Jocelyn Antoine, CM, el Padre Ricardo de la Rosa vicario del clero de la Diócesis entre otros en una jornada que se convirtió en un verdadero llamado a la conversión profunda.
Pero no fue una homilía más. Fue un sacudón espiritual.
“Convertirse no es cambiar de iglesia, es cambiar de corazón”
Desde las primeras palabras, Mons. Ruiz dejó claro que la Cuaresma no es una tradición vacía ni un simple rito anual.
“Hoy es la cuarentena… hoy es la vuelta para iniciar este tiempo de conversión, tiempo de gracia. El Señor nos invita a un cambio radical en el corazón.”
Con firmeza pastoral, explicó que muchas personas creen que convertirse es cambiar de religión, “irse de la Iglesia Católica para otra”, pero aclaró con contundencia:

“Convertirse no es cambiar de iglesia, ni de religión, sino de corazón.”
El obispo invitó a los fieles a “poner en cuarentena el corazón”, comparando los 40 días de Cuaresma con el aislamiento médico que busca sanar un cuerpo enfermo,
“Los médicos ponen en cuarentena a sus pacientes para que descanse, se alimente bien y sane. Así también nuestra vida espiritual necesita cuarentena para prepararse a la gran fiesta de la Pascua.”
La “al ayantología” y el ayuno que no vale
En uno de los momentos más impactantes y comentados de la homilía, Mons. Ruiz denunció lo que llamó con ironía “la nueva materia que se da hoy en Santo Domingo: la ayantología”.
“Todo es ayante y movimiento. Si voy a hacer un bien, necesito que todo el mundo lo sepa por las redes.”
Entre sonrisas y reflexión profunda, cuestionó la práctica de exhibir el sacrificio espiritual:
“Imagínese que yo esté ayunando y me haga un selfie diciendo: ‘Señores, es duro, pero estoy ayunando’. Entonces ese ayuno no es para Dios, es para ayantar.”
Explicó que el verdadero ayuno no es para rebajar ni para verse “fitness”, sino para educar la voluntad desde la fe.
“No es dejar de comer carne si a usted no le gusta la carne. El sacrificio es abstenerse de lo que duele.”

Y lanzó un reto directo y actual:
“Eche de mano al celular y pase una semana sin WhatsApp… ahí sí usted va a ver si está ayunando o haciendo un sacrificio”
No derramar la gracia en saco roto
La homilía tomó un tono aún más profundo cuando habló de la gracia de Dios desperdiciada por el pecado.
“Dios derrama su gracia en esta Eucaristía, pero cuando llego a mi casa y armo un pleito, cuando salen malas palabras por cada ventana, se me fue la gracia. Estoy echando en saco roto la gracia que Dios me dio.”
Con ejemplos cotidianos —desde el chisme en el salón de belleza hasta el mal uso del dinero del hogar— el obispo confrontó con valentía las incoherencias de la vida cristiana.
“Si en el salón la lengua se le va, criticando, absténgase. Si su círculo se reúne para acabar con los demás, rece un Ave María y váyase. Porque si se queda, fracasa.”
Cuaresma para frenar la violencia
Mons. Ruiz no se quedó en lo individual. Miró de frente la realidad de Santo Domingo Este.
“En nuestras comunidades hay muchísima violencia. Mataron a uno por aquí, agredieron a otro por allá… con tantos cristianos católicos que estamos aquí, debemos contagiar, pacificar a los violentos.”
Afirmó que la violencia no terminará mientras Jesucristo no reine en los corazones:
“Si Jesucristo llega a la mente y al corazón de nuestra comunidad, se van a acordar de Santo Domingo Este, porque será el mejor sitio para vivir.”
Fue un llamado no solo a la penitencia personal, sino a la transformación social desde la fe.
Un signo que marca el alma
Al finalizar, el obispo bendijo la ceniza que luego fue impuesta en la frente de los fieles como signo visible de conversión y humildad.
“No es solo un símbolo externo. Es una ayuda para enfrentar esta dinámica de violencia y aceptar al Señor en nuestra humanidad.”
La Plaza Megacentro, acostumbrada al comercio y al movimiento constante, fue escenario de un mensaje que invitó a detenerse, reflexionar y comenzar de nuevo.
Este Miércoles de Ceniza no fue simplemente el inicio de la Cuaresma, Fue un llamado urgente a poner en cuarentena el corazón, a frenar el desenfreno, a dejar el ayante y abrazar la autenticidad del Evangelio.

