Por Esmirna Gómez. –
Santo Domingo Este.-La parroquia San Vicente de Paúl celebró con gran fervor su primer Rosario de la Aurora, una jornada de fe que congregó a numerosos fieles en un ambiente de oración, contemplación y encuentro profundo con Dios desde las primeras horas del día.
La celebración inició con la exposición y adoración del Santísimo Sacramento. Luego de colocar el Santísimo, el sacerdote Jocelyn Antoine, CM, realizó la aspersión con agua bendita a los fieles, como signo de purificación, bendición y renovación espiritual.
A continuación, se llevó a cabo el rezo del Santo Rosario a María, inspirado en la advocación de la Virgen de Lourdes. Durante el desarrollo del rosario, el padre Jocelyn Antoine impartió el sacramento de la Reconciliación, permitiendo a los participantes acercarse al perdón y la misericordia de Dios.
Posteriormente, la jornada continuó con el rezo de Laudes y culminó con la celebración de la Santa Eucaristía, momento central del encuentro comunitario.

Durante la homilía, el párroco Jocelyn Antoine, CM, reflexionó sobre el verdadero significado del descanso en Dios, señalando que “descansar para Dios no significa dormir ni simplemente detenerse, sino contemplar su Palabra y sus obras”. Recordó que, desde el libro del Génesis, Dios trabajó seis días y descansó contemplando todo lo que había creado.
Explicó que, en la vida cristiana, el retiro espiritual implica seguir contemplando las maravillas que Dios ha hecho en nuestra vida, tal como Jesús invitaba a sus apóstoles a retirarse con Él después de haber trabajado intensamente, para regresar a la fuente que es Dios.
El sacerdote también destacó la compasión de Jesús al ver a la multitud como ovejas sin pastor, e invitó a la comunidad a elevar sus oraciones por las vocaciones en la Iglesia, por los jóvenes y por la unión familiar. Subrayó que sin la unión dentro de la familia no es posible formar buenos jóvenes, ni futuras vocaciones sacerdotales y religiosas al servicio del Señor.

La celebración concluyó con una oración confiada para que Dios continúe acompañando a su pueblo, permitiendo que cada creyente pueda repetir en su vida: “Enséñanos, Señor, tus secretos”, y así dar frutos abundantes para el Reino de Dios.

