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Encuentra una fábrica de cemento abandonada hace 100 años y la convierte en una casa impresionante

Dicen que la casa de un hombre es su castillo.

Un día de 1975, un arquitecto llamado Ricardo Bofill estaba de excursión en Sant Just Desvern, en las afueras de Barcelona, España. De repente tropezó con un edificio abandonado, pero no con cualquier edificio. Era una fábrica masiva que fue construida hace más de 100 años. Cuando estaba en funcionamiento, allí hacían cemento… pero Ricardo tenía otras ideas para el lugar.

Si bien la mayoría de la gente pensaría que el lugar era feo y quizás un poco espantoso, Ricardo instantáneamente se enamoró de las paredes grises que se elevaban y de la distribución. Tuvo una inspiración repentina y supo que tenía que comprarlo.

Ricardo compró la propiedad y comenzó el proyecto de renovación. Durante la construcción, descubrió un sinnúmero de secretos que la fábrica había escondido en sus terrenos, incluyendo chimeneas, talleres y kilómetros y kilómetros de túneles subterráneos.

Fueron necesarios 2 años para completar la renovación, y Ricardo tuvo cuidado de conservar la mayor parte de la estructura original del edificio, tanto como fuera posible. No solo el hecho de conservar los elementos arquitectónicos de la fábrica le ahorró dinero, sino que sintió que se sumaba a la singularidad del lugar como un todo.

Cuando se completó la llamaron “La Fábrica”.

Un castillo que parece salido de un cuento de hadas surgió del polígono industrial. Aunque la integridad arquitectónica de la estructura no cambió, toda la apariencia del lugar se transformó en un palacio cálido y mágico.

Mucho después de que se terminara la construcción, llevó décadas cultivar los exuberantes jardines que rodean la fábrica. Ricardo está fascinado con el diseño de paisajes, así que pasó años plantando eucaliptos, palmeras y olivos en todas partes.

El resultado da al lugar un sentimiento tropical y etéreo que no tiene parangón.

En su interior, utilizó los patios y el espacio vacío para crear cualquier tipo de espacio de trabajo y vivienda que puedas imaginarte. La fábrica cuenta con su propia catedral, salas de archivo, taller de maquetas, residencia y un espacio de trabajo de cuatro pisos para que su estudio de arquitectos pueda trabajar.

Incluso incluyó una sección abierta al público para que todos pudieran venir y disfrutar de su creación. Las personas que la visitan siempre se sorprenden por los techos imponentes, los lujosos muebles y el impresionante uso de la luz natural.

Y no olvides que hay un montón de jardines. El diseño de Ricardo trajo vida al viejo lugar de una manera que la mayoría de la gente nunca creyó posible.

Ricardo aún vive y trabaja en La Fábrica. Aunque su profesión le lleva por todo el mundo, sigue prefiriendo quedarse en su cómodo castillo lo más posible. Como dice en su página web:

 

Actualmente vivo y trabajo aquí mejor que en cualquier otro lugar. Es para mí el único lugar donde puedo concentrarme y asociar ideas de la manera más abstracta. Tengo la impresión de vivir en un recinto, en un universo cerrado que me protege del exterior y de la vida cotidiana. La Fábrica de Cemento es un lugar de trabajo por excelencia. La vida transcurre aquí en una secuencia continua, con muy poca diferencia entre el trabajo y el ocio.

Qué lugar verdaderamente único y extraordinario en la tierra! Nos hace querer preparar una maleta e ir a explorar, nunca sabes lo que puedes encontrar cuando tienes una visión artística.

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